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Altais: “El cómic en Colombia viene ganando credibilidad”

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1 / 08 / 2019

Segunda parte de la entrevista a Altais, periodista y ganador del Premio Simón Bolívar, por su entrevista en formato cómic a Joe Sacco.

Luego de la primera entrevista al historietista Henry Pablo Pérez Pulgarín, Altais, continuamos conversando sobre tres temas relacionados con su trabajo: el panorama nacional del cómic; Emilia Pardo Umaña, la novela gráfica que viene realizando con Lina Flórez y su última producción, el cuentico amarillo para la Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín, con el que se enriquece la expresión y producción de la novela gráfica en Colombia.

Pablo, después de recibir el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar ¿consideras que ya hay en Colombia un posicionamiento del periodismo gráfico, y más con trabajos como la entrevista a Joe Sacco o la novela gráfica sobre Emilia Pardo Umaña?

Yo creo que no.

¿Todavía no?

No, y ahí se me sale un poco el periodista y me pregunto: ¿qué tan posicionado está hacer periodismo en Colombia? Independiente de los formatos, ¿qué tan buen periodismo se hace y qué tantas posibilidades hay de hacer buen periodismo? El [periodismo] del cómic adolece de todas las dificultades que tiene un periodista clásico en Colombia para hacer investigación. No hay tantos medios, los medios más masivos están atados a grupos económicos o a corrientes políticas. El periodismo es una tarea que quizás en Colombia, y en el mundo en general, sigue luchando por tener una posición y abrirse espacios en medios que no son del todo amables. En ese sentido diría que no lo hay tanto, porque es un tipo de periodismo que requiere tiempo como todo.

Claro, son tres disciplinas en una…

Si, entonces es difícil porque no le dan a un escritor que, entre comillas, sólo tiene que investigar y escribir el tiempo que necesita para hacer una nota medianamente buena al día, porque hay unos ritmos que hoy demandan unos niveles de respuesta que muchas veces van en detrimento de la calidad investigativa y narrativa.

Entonces ¿Qué está pasando con el cómic?

Por contraste y en apariencia, el cómic colombiano pasa por un buen momento, sobre todo por los autores. Hay muchos autores de diferentes niveles y calidades haciendo producción en cómic y en Colombia —por lo que he visto en los últimos dos o tres años—, sí hay un interés [pero] disgregado es en estos autores, porque todavía no hay muchos espacios que nos aglomeren o unan para contar historias que apuntan a la memoria, al registro histórico y al registro biográfico. Entonces es muy curioso, porque una buena parte del cómic que se está produciendo en este momento en Colombia se hace desde el músculo del mismo autor, con lo que puede gestionar, y a punta de relatos que nos narran como colombianos. Hay ejercicios biográficos e históricos sobre el conflicto dándose en Bogotá, Cali, Medellín y Manizales. Estos autores hemos empezado a referenciarnos y a charlar un poco, y eso ha movilizado que ciertos espacios editoriales vayan abriendo sus puertas.

¿Quiénes serían los que conforman esa narrativa visual en Colombia, a quiénes consideras están ahí?

Esa pregunta es complicada porque en Altais, con Lina [Flórez], hemos venido investigando, tratando de charlar con algunos y tenemos una sensación, que creemos real, de que está pasando mucho más de lo que alcanzamos a ver, en términos del cómic. Porque hay muchos autores produciendo en diferentes lados, pero no hay tantos puntos de conexión o encuentro. Muchos hacen y tienen problemas para divulgarlo, hay quienes pueden divulgar más el suyo y otros no tanto, cosas de ese tipo, o quienes lo hacen para el mundo digital o logran hacerlo con un medio o una editorial que tiende a ser independiente, pero está pasando mucho.

Nombres…

Ponerles nombres siempre es difícil, pero en este momento, por ejemplo, Pablo Guerra y Henry Díaz, [con su reciente libro Dos Aldos]; son dos bogotanos que vienen haciendo ejercicios propios y en articulación con el Centro Nacional de Memoria Histórica sobre el conflicto y la tierra; y de manera autónoma yo he venido haciendo algunos trabajos.

En Cali hay un par de chicas que están haciendo historias de ese corte y que hace poco publicaron una historia sobre un atentado en los años noventa, durante la guerra dura con el narcotráfico. Hay una chica venezolana, Laura Guarisco, haciendo historias sobre la migración, de su migración, desde Medellín porque se radicó acá. Y hay más: Hugo Mario [Cárdenas] realizó una reseña que recoge algunas de las publicaciones que se hicieron el año pasado, allí hay un barrido más amplio: están Trucha Frita, los clásicos de acá y otros chicos bogotanos, algunos caleños con otras historias sobre protestas de trabajadores, la resiliencia; y hay muchas instituciones, sobre todo las que tienen que ver con el trabajo social, que vienen apostándole a este tipo de relatos como una forma “diferente” de dar a conocer ciertas historias; ahí están el Instituto Humboldt, la Biblioteca Nacional e Idartes en Bogotá que vienen abriendo espacios, con cierto apoyo del sector público, para divulgar esos relatos.

Muy chévere. Ahora sí, Emilia…

Como hablamos en la otra ocasión, nos intrigó muchísimo que no hubiera un registro biográfico o periodístico de esta mujer, por eso la investigación inició con los documentos hallados y desde esos artículos quisimos ver los personajes con los que convivió para tratar de encontrar quiénes estaban vivos. Dentro de sus historias mencionaba a dos que estaban vivos: al fundador de la HJCK, Álvaro Castaño Castillo; y al Mono Salgar, quien fue el maestro de periodismo de Gabriel García Márquez en El Espectador. También nos dimos cuenta que Daniel Samper Pizano la conoció en persona y pudimos contactar a estas tres personas que la vieron.

Logramos entrevistar a Salgar y a Castillo antes de que fallecieran, conocer el archivo de la HJCK y que [Castillo] nos regalara el único archivo de audio de Emilia. Conocimos la voz de Emilia, un bogotano chirriado de carachas y con las eses arrastradas, una cosa impresionantemente bella. Y esa fue una gran experiencia que no quedó en la tesis porque simplemente respondió a las categorías académicas a las que había que responder. Nosotros entregamos una tesis que creímos, en su momento, podíamos volver libro, pero dos años después decíamos: ‘marica, hacer una tesis no es hacer un libro, entonces ¿qué hacemos con este material?’. Durante un tiempo estuvimos buscando la posibilidad de escribir y publicar, hicimos unos artículos—[aparte de] una historieta que hice en ese momento— que se publicaron aquí y allá, pero que no me satisfacían. Después decidimos: ‘publiquemos una novela gráfica’.

¿Cómo va a ser? Empezó la discusión editorial, cuántos capítulos, en fin. Decidimos hacer una cosa: ‘no pensemos, pongámosle números, ¿cuántos capítulos?, quince, ¿y esos quince capítulos qué van a contar?, ¿es biográfica o de memoria? Hagámosla de memoria’. No es un ejercicio biográfico que recoge toda su vida, sino un ejercicio de memoria que, desde la voz de ella, cuenta diferentes momentos de su vida: infancia, adolescencia, cuando entra al periodismo y sus aventuras periodísticas.

Imagen tomada de Instagram de Altais

¿Y ella es la narradora?

Esa fue una de las decisiones, ‘¿cómo lo contamos? ¿Lo contamos nosotros o que lo cuente ella? ¡Que lo cuente ella! ’ tenemos varios escritos de ella…

Van en el 10 

Sí, vamos en el 10. Son escritos de puño y letra de ella. Pensamos: ‘¿por qué ponernos a inventar el agua tibia? No, mejor hagamos el trabajo de edición y ella es la tercera autora’. Ese libro lo publicamos así, hay tres autores y el primero de ellos es Emilia Pardo Umaña. Tomamos esas decisiones, como no publicarlo con una editorial porque lo más probable era que nos pidieran el borrador y nos dijeran, si les gustaba: ‘lo necesito para dentro de tres meses’, ¡Pa´ ya!; o si no les gustaba, que era [también] lo más probable, habrían dicho en ese momento que no. Abrimos un espacio digital y en lo digital tuvimos la posibilidad de hacerla seriada, qué nos íbamos a poner a hacer quince capítulos de un envión.

Pensamos lo del seriado porque sentíamos que cuando uno tiene una idea, que en nuestro medio periodístico, literario y visual se piensa como la obra total, ya terminada, [pero] nada, yo me pelié con eso y decidí que uno tiene que hacer contenidos que se sumen en una obra porque si no es inmanejable; yo puedo empezar la primera parte, pero luego me empiezo a abrumar porque le doy muchas vueltas a lo que hago y pienso, en fin. Pero es gracias a esto que termino haciendo cosas que logran enmarcar lo que quiero. ‘Hagámoslo mensual, seriado, como se entregaban las novelas a finales del siglo XVIII’; por ejemplo, Historia de dos ciudades se entregó por fascículos.

Imagen tomada de Instagram de Altais

SÍ: entregas periódicas. ¿Y esos capítulos son lineales?

No, todas las historias son autoconclusivas y conectivas, pero se pueden leer de manera lineal. Nosotros titulamos capítulos 1, 2 o 3, porque los estamos publicando de manera seriada, pero pueden leerse de manera independiente. Cada uno es una historia pequeña en sí misma que se abre y se cierra, y la siguiente es otra aventura en otro tiempo distinto, por esto Emilia aparece cada vez mayor entre cada capítulo. Por ejemplo, en la primera historia ella tiene cuatro años, es un recuerdo que tiene de su infancia, lo cuenta la adulta, pero es un recuerdo. La siguiente es una historia en la que ella sale del colegio de señoritas pero habla de su nana, y el tercer capítulo es cuando entra al colegio de señoritas. Cronológicamente hablando, el tercero es anterior al segundo capítulo en el tiempo, pero narrativamente hay una secuencialidad porque los tres capítulos hablan de su educación, es decir, los conectamos de manera temática.

Es una construcción que permite ser un poco más libres en cómo contarla y variaciones en el dibujo, porque las composiciones de cada capítulo varían unas de otras. Unos son más cinematográficos, hay otros que son cómic puro porque son en viñetas, y hay otros que tienen elementos del cómic pero son más textos ilustrados, [hacemos] esos juegos según las necesidades de las historias. [También nos permite] publicar un capitulo cada mes, ir descubriendo qué capítulo era, [mirar si] este es bueno, este no, mejor este, tan. Con este pensamiento lo publicamos nosotros y vemos a ver qué pasa, y si alguna editorial está interesada, negociamos; eso no depende de la oferta económica, sino de nuestro interés creativo.

¿Cómo hacen el seguimiento a la publicación digital?

Hay varios seguimientos, [dada] la posibilidad que da lo digital, desde las métricas, de revisar los accesos a esos contenidos. Durante este año promediamos entre unas 1000 o 1500 visitas mensuales, esas métricas nos permiten ver un porcentaje de los fijos y nuevos, [aunque] el número de fijos es menor. A medida que se ha ido publicando hacemos unos ejercicios juiciosos pero mínimos de divulgación, lo que nos ha permitido entender que se ha ido posicionando en ciertos espacios en los que empiezan a aparecer comentarios de lectores e invitaciones.

El trabajo se está defendiendo solo, porque paralelo a este tenemos [otros] proyectos y trabajos, y si bien le dedicamos tiempo a la producción y divulgación, y hacemos un ejercicio juicioso, viene jalonando curiosidad y comentarios que nos han permitido modificar modos en el hacer, cuidar más el dibujo; comentarios que nos dicen ‘el lenguaje es muy pesado’, pero lograr explicar que ese es el lenguaje, arcaico, que es de una voz que escribe desde el siglo pasado y entablar conversaciones alrededor del contenido que han sido muy interesantes.

Ese seguimiento lo apoyamos en la métrica que nos ofrece el sitio, más la divulgación que nosotros hacemos. Tratamos de jugárnosla con lanzamientos de capítulos y muchos nos miran con cara de ‘que gente más ridícula, lanzar una historia corta de 10 páginas en digital’, [pero nos la] jugamos con stickers, hacer algunas impresiones y tratar de divertirnos en ese sentido. Y ese ejercicio ha tenido respuestas, no son masivas, pero empiezan a aparecer voces muy interesantes desde muchos lugares diciendo: ‘Ey, vi el trabajo, ¡qué bien!’, y así tener un público que está dispuesto a leer y conversar lo que leen con uno, ha sido muy enriquecedor en ese sentido. Otros nos dicen: ‘¿por qué lo hicieron así?, ¿no era mejor así?, yo lo habría hecho de tal modo’ o ‘¡marica, qué buena idea! ¡Parce no se nos ocurrió!’. Ese es el seguimiento, estar muy atentos a quienes nos están leyendo y cómo lo experimentan.

Imagen tomada de Instagram de Altais

Hablemos del Cuentico amarillo de la Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín y tu historia, Libros leídos Pequod. Quisiera saber cómo fue la experiencia de retomar un clásico de la literatura como Moby-Dick, convertirlo en cómic y traerlo a Medellín. Y, como este es un homenaje a los libreros, quisiera que ampliaras cómo, dónde y por qué se dio este giro narrativo

El Cuentico amarillo es una pieza que realiza desde hace doce años la Fiesta del libro. En primer lugar, como invitación a los ciudadanos lectores de Medellín a que conozcan el libro invitado, que este año es Moby- Dick; y en segundo lugar para que sea una puerta a la lectura. [Para ello] la Fiesta [invita a] un escritor y un dibujante de la ciudad para que creen una obra con esos fines; este año, como la Fiesta le está haciendo fuerza al cómic, invitaron a un historietista y [tuve] la fortuna de ser yo, me parece muy chévere.

Y conecto lo siguiente con la segunda pregunta: sólo hay dos reglas de juego, el Cuentico amarillo debe versar alrededor de la obra invitada, que como sabés este año es Moby-Dick de Herman Melville; y que esa creación, esa obra invitada y sus personajes, transiten de alguna forma por la ciudad de Medellín. Esas son las dos reglas de juego. Esto es para decirte que la idea de homenajear a los libreros y usar personajes de la ciudad es completamente mía y surge porque en el ejercicio investigativo previo a crear la historia busqué las once versiones del cuentico amarillo, las leí y versan sobre muchas obras, Las mil y una noches, Frankenstein, Alicia en el país de las maravillas, por mencionar algunas, y esos autores han tocado infinidad de temas de la ciudad y del mundo de las letras, y uno de los personajes que me pareció que faltaba era el librero. Me parecen muy interesantes los libreros porque el librero es el punto de encuentro donde se dan las discusiones alrededor de la literatura. Una librería o una biblioteca, donde solo habitan libros y estantes, si bien es un espacio donde uno puede encontrar información, es un espacio que pierde vida, mientras el librero es la discusión.

Así, surgió la idea de homenajear a los libreros, naturalmente esa idea les encantó a ellos y eso fue lo que se me ocurrió. Ya en el tema de tomar ese clásico y convertirlo en cómic, al tener la obra y el librero como los personajes, la tarea consistió en leer completo Moby- Dick, los ciento treinta y cinco capítulos ; una obra maravillosa de la cual disfruto mucho el final, el encuentro entre el capitán  Ahab y la ballena, es tan rica esa escena que no quise poner a “nadar la ballena en Medellín”, sino que me pregunté qué se habría imaginado o cuál sería la otra vida que hubiera tenido el Capitán Ahab si no se hubiera obsesionado con la idea de perseguir y cazar a Moby-Dick.

Lo que se me ocurrió fue, a partir del momento en que se cierra la historia, darle al capitán Ahab una vida distinta, por eso cuando él se sumerge aparece en otra ciudad, un mundo distinto, como librero. Conecto el personaje y lo llevo al Centro Popular del Libro del Pasaje La Bastilla, un espacio rico en la ciudad que por muchos años ha sido el punto de encuentro de quienes están interesados en los libros, independientemente de si son libros de texto o libros históricos. Así, lo conecto con Medellín y hace parte del juego narrativo que trato de poner allí. No es una imposición de la Fiesta, ellos solo piden tratar el libro invitado del año y que los personajes y la historia transiten por Medellín.

Imagen tomada de Instagram de Altais

¿Qué más sigue, Pablo?

¿Después de Emilia?

Si ¿Qué visualizan ustedes como socios y oficina?, porque podrías pensar: “ya tengo un premio, una certificación que da pruebas de que es posible vivir del cómic, ya el impacto me ha dicho que puedo ser reconocido», es decir, vivir del ejercicio de lo que humanamente se quiere hacer

Me parece chévere la pregunta que haces porque se puede conectar con el seguimiento. Por un lado, seguir en el proceso de creérsela. Si bien el proyecto inicia con la intención de hacerlo, no había una meta clara, ‘vamos a publicar, vamos a venderlo o lo vamos a sacar’. Ya llevamos un año y seis meses, y han pasado cosas muy interesantes presentando esos primeros capítulos: se abrió la posibilidad de presentarnos a una incubadora en Interactuar para empresas culturales y pasamos de una. Así, en este último año, a la par de la producción y derivado de ese espacio de formación alrededor de lo que estábamos haciendo, nos dicen: ‘se ganaron un apoyo económico, ¿en qué se lo quieren gastar? -¡En la página web!, porque eso lo pagué yo de mi bolsillo, entonces hay un recurso.

El periodo de tiempo de un año y seis meses se refiere al periodo en el que hemos venido desarrollando el proyecto del web cómic de Emilia, y el crecimiento que como autores hemos venido experimentado gracias a la serialización de este trabajo y a la oportunidad única de construir teniendo en cuenta los comentarios de los lectores. Altais, cómo emprendimiento en desarrollo, sólo cuenta con cerca de un año, en ese periodo hemos podido acceder a dos procesos de acompañamiento a emprendimientos (o ideas de emprendimiento) desarrollados por instituciones como Interactuar y Comfama, donde se presta asesoría para ir modelando el proyecto con miras a que pueda ser viable. En este proceso pudimos acceder a un pequeño estimulo que permitió mejorar el sitio web de altais-comics, posibilitando tener una plataforma en la que se puedan publicar y desarrollar más y mejores contenidos.

Finalmente, ¿Qué les ha dejado el trabajo con Altais Cómics?

Lina y yo iniciamos el proyecto Altais Cómics bajo la premisa de que no sea sólo un espacio para publicar y dar a conocer nuestro trabajo como historietistas, sino en el que también buscamos abrir un espacio para la producción, investigación y divulgación del cómic colombiano, hacia eso apuntamos. Por eso, ya puedes encontrar contenidos de divulgación de otros historietistas del país, de procesos alrededor del cómic y también reseñas que abran la discusión sobre la calidad de los contenidos que aquí se producen. Nuestro último ejercicio apunta hacia el desarrollo colaborativo de una guía de autores y autoras de cómic colombiano, contenido periodístico que esperamos aporte un poco a divulgar el trabajo de muchos.

La recepción del Premio no es una prueba de que se pueda vivir del cómic en Colombia, de hecho es difícil aún en contextos internacionales y/o en países donde hay una industria del cómic mejor cimentada. De lo que sí puede ser prueba es de que el cómic en Colombia viene ganando credibilidad como medio y lenguaje para el desarrollo y la comunicación de relatos de no ficción (y por supuesto de ficción). Y esta ganancia y crecimiento viene dándose gracias al esfuerzo individual de muchos autores, y unas poquísimas editoriales, que a lo largo y ancho del país vienen haciendo cómic por pasión y muchas veces con pérdidas.

En ese sentido, Lina y yo venimos haciendo cómic por amor a un medio y un lenguaje que nos gusta mucho, pero en el que (cómo pasa en la mayoría de las profesiones creativas e intelectuales en Colombia) hay muchos más retos que seguridades u oportunidades profesionales y económicas.