Música

Altavoz, un cierre de nunca olvidar

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29 / 11 / 2018

El pasado lunes cerró la edición 15 del Festival Altavoz que este año, como cualquier rockstar, tiró la casa por la ventana en la celebración de su cumpleaños.

¿Existen las palabras para describir lo que fueron los tres días del Altavoz Fest? Aunque para muchos, más que palabras fueron sentimientos encontrados: alegría, emoción y ansiedad invadieron el cuerpo de cada uno de los más de 83.000 asistentes al festival, que este año conmemoró su aniversario número 15.

Del 10 al 12 de noviembre, miles de personas llegaron hasta el Estadio Cincuentenario para convivir, escuchar y deleitarse con las 59 bandas que se presentaron en los dos escenarios habilitados, Fest y Norte. Entre ellas, 28 fueron locales y 16 internacionales, lo que nos hace preguntarnos: ¿fue el espacio elegido la decisión correcta? considerando la cantidad de público que se desplazó hasta él para apreciar el amplio cartel. Aunque el segundo día contó con una asistencia masiva, el cierre del festival inundó las calles cercanas al Estadio e hizo casi interminables las filas de ingreso a las afueras del lugar, mientras adentro cada quien trataba de ubicarse estratégicamente para disfrutar de su artista favorito.

A pesar de que las puertas se abrirían ese lunes festivo a la 1:30 p.m. mucho antes de la hora prevista se veían varios grupos de amigos asegurando su puesto en la fila para apreciar las 9 bandas previstas para el día; algunos de Medellín, otros cuantos provenientes de distintas ciudades del país. La tarde estuvo tranquila, sin embargo, entradas las 6:00 p.m. el público que seguía afuera del Cincuentenario se comenzó a desesperar.

De acuerdo con David Ayazo, uno de los asistentes al festival: “en cierto momento ya no había fila porque tumbaron las vallas de seguridad y todos comenzaron a correr para llegar a tiempo al toque de The Adicts [una de las bandas más esperadas], entonces a la Policía le tocó dejar entrar a los hombres sin requisarlos para no causar más disturbios”. Debido al tope de asistencia que puede albergar el Estadio la organización del festival determinó fijar una hora de clausura ya que no habría espacio para tanto público.

El cierre corrió por parte de la banda inglesa de punk The Adicts y la estadounidense Papa Roach, lo que causó conmoción y aceleración en los corazones de los cientos de fanáticos que querían a como diera lugar pasar por esas vallas de seguridad.

Algunos asistentes se esmeraron en lucir sus mejores pintas para recibir a los artistas de Altavoz. Foto de Alejandro Valencia Carmona.

Algunos asistentes se esmeraron en lucir sus mejores pintas para recibir a los artistas de Altavoz. Foto de Alejandro Valencia Carmona.

Pese a las complicaciones en el ingreso, como diría cualquier adulto recatado y no uno de los jóvenes asoleados pero al fin adentro del estadio, todo marchaba de maravilla.

La tanda de presentaciones del último día del Altavoz la abrieron bandas como Polikarpa y sus Viciosas y Odio, quienes pusieron a los primeros asistentes a vibrar y saltar.

Luego se le dio paso a la banda francesa The Inspector Cluzo, que con sólo dos integrantes logró lo que cualquier agrupación numerosa podría: crear energía y emoción en el público con un sonido bastante particular dentro del rock y una potencia que desbordó hasta el final. Posteriormente le abrieron la entrada a la banda local Radio Calavera, quienes con su hard rock “descrestaron” a más de uno, y no solo por el vestido que usó el vocalista la mitad de la presentación en conmemoración a la celebración del festival, sino por su alta calidad de producción.

Muchos aguardaron en las primeras filas por la reconocida banda argentina Él Mató A Un Policía Motorizado, que aunque a muchos confunde con su nombre, llegó con una propuesta de rock alternativo interpretando canciones como “El Tesoro”, “Fuego”, “Chica de Oro” y “Más o Menos Bien”, que pusieron a gritar (y hasta llorar) a decenas de fanáticos de la nueva ola rockera latinoamericana.

Él Mató A Un Policía Motorizado en los 15 años de Altavoz. Foto de Alejandro Valencia Carmona.

Pero lo realmente fuerte llegó con la banda de punk local P-NE, con más de 30 años en la escena, se subió al escenario con su crudeza social y provocó el pogo más grande de los tres días del Festival. Cientos corearon sus canciones más conocidas y el ánimo del público quedó en la cima para recibir a los platos fuertes de la noche, no sin antes dar un grito de protesta por la crisis educativa por la que pasa el país: “Vamos a tumbar un muro para aquellos que no crean en la educación pública y su necesidad”, aseguró Julio Escobar, vocalista y guitarrista de la agrupación.

Entradas las 7 de la noche salió a escena uno de los grupos más esperados de todo el cartel con una entrada triunfal de confeti y luces.

The Adicts salió y desde principio a fin fue hermoso, un show muy completo, tanto visual como energéticamente sin dejar de lado la maravilla musical. Un show digno de cerrar el festival”, dijo Andrés Felipe Aristizabal, asistente desde hace varios años al Altavoz.

Una propuesta que desafió los límites: un performance que sacó sonrisas, lágrimas y euforia de muchos en el público, fueran o no fans. Y todo a cargo de unos caballeros vestidos de blanco que entregaron el último show del año, tal y como lo advirtieron desde el inicio, de la mejor manera.

De lejos sólo se podía ver la cantidad incontable de personas que disfrutaban del espectáculo. Unos saltaban, otros gritaban, otros observaban con detenimiento los particulares movimientos de Keith “Monkey” Warren, vocalista del grupo, y otros “pogeaban” como nunca antes con canciones como “Viva la Revolution” o “Let´s Go”. El Estadio se inundó de emoción con una presentación de nunca olvidar y que terminó con unas pelotas gigantes revotando sin parar.

Irreverente y carismático, Keith “Monkey” Warren, vocalista de The Adicts, hizo vibrar al público de Altavoz. Foto de Alejandro Valencia Carmona.

Irreverente y carismático, Keith “Monkey” Warren, vocalista de The Adicts, hizo vibrar al público de Altavoz. Foto de Alejandro Valencia Carmona.

Pero este no era el show central de la noche, lo que lamentaron muchos debido a su nivel; entonces ¿quién le abriría a la esperada Papa Roach?  Esa ardua tarea fue para los locales La Doble A.

Con “Mañana nos Retiramos” abrieron su presentación y el ánimo de público expectante. El rock local quedó en alto y el grupo consiguió uno de los logros más importantes en su carrera de 20 años, pero como en todo, las críticas no se hicieron esperar y muchos calificaron a La Doble A como “una agrupación para descansar del show que acaba de pasar”. Lo que no les quitó lo poderosos que se sintieron sobre las tablas en la media hora que duró su presentación.

Tras esto, la espera fue bastante tensionante. Unos 20 minutos de curiosidad por la salida de la banda central, esa por la que muchos madrugaron para tener de cerca.

Ya eran más de las 9:30 p.m. y varios falsos estribillos de luces habían ilusionado a más de uno. Sin embargo por fin llegó lo que todos esperaban.

La voz resonante y potente de Jacoby Shaddix abrió la velada con “Renegade Music” y la espera de las otras 17 canciones que tenían coordinadas para cerrar con broche de oro los 15 años del Altavoz.

El grupo californiano de Nü metal formado en 1993, que acompañó la adolescencia de muchos rockeros colombianos mientras pasaban por una de las etapas más difíciles de sus vidas, llegó por primera vez a Medellín y aseguró volver pronto. Grandes éxitos como “Murder”, “To be Loved”, “Forever”, “Gravity” y hasta una rendida mención a Eminem con “Lose Yourself” aceleraron los corazones y la nostalgia del numeroso público.

El gran repertorio hacía más tardía la despedida y más larga la emoción, que explotó con “Scars” y la muy coreada “Last Resort”, Jacoby Shaddix aprovechó para colgarse una bandera colombiana agradeciendo por el espacio y asegurando que no sería la última vez.

Jacoby Shaddix, vocalista de Papa Roach. Foto de Alejandro Valencia Carmona.

Jacoby Shaddix, vocalista de Papa Roach. Foto de Alejandro Valencia Carmona.

A pesar de no haber sido un cierre tan artístico como lo fue el show de The Adicts, Papa Roach demostró por qué es una de las bandas más recordadas de los 90 e inicios de los 2000 con un sonido excepcional que erizó a sus fans.

Como toda gran celebración serán recordados los 15 años del festival que le ha dado voz a los jóvenes y artistas emergentes de Medellín: el festival que le sigue apostando a la inclusión, las diferencias y la armonía a través de la música, ese hermoso arte que mueve masas en torno a la paz y el encuentro.

Para muchos esta será la edición más especial a la que han asistido del Altavoz. Ahora sólo queda esperar las sorpresas que nos esperan el próximo año, pero difícil será superar el cartel que puso a vibrar a toda una ciudad.