Arte

Anonymous de Mónika Herrán: la magia de lo invisible

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21 / 05 / 2019

Hasta el 31 de mayo estará abierta la exposición Anonymous de la fotógrafa Mónika Herrán en la galería F8fotogallery. Laterales Magazine conversó con ella.

Mónika con K, es una de las mujeres más sensibles, creativas y hermosas que conozco. Tataranieta del General Pedro Alcántara Herrán Martínez de Zaldúa y de Amalia Mosquera y Arboleda, nació en la casa de su abuela Lucía Olózaga de Herrán, Lutita, en Medellín. Es la tercera hija de Blanca Restrepo Arango, reconocida ceramista y escultora; y de Rafael Herrán Olózaga, uno de los mellizos Herrán, cuyas aventuras y controvertidos proyectos merecen ser publicadas en un libro.

Fuimos compañeros en la Facultad de Diseño Gráfico de la Universidad Pontificia Bolivariana (UPB), donde se destacó por su mirada del mundo y talento con la fotografía. Ella, en su Susuki blanco, era quién me subía y bajaba de Santa Elena, donde por coincidencia vivíamos los dos, yo en El Placer y ella en Barro Blanco. Todo esto duró hasta su encuentro con el dibujante y pintor Pedro Alcántara (a quién presentaremos en otra entrevista), y con quien comparte desde hace muchos años una de las más bellas historias de amor que conozco: cómplices totales intelectual, plástica y profesionalmente.

El encuentro con Pedro, su primo hermano, en la Bienal de Coltejer de 1981, marcó la vida de ambos. Más tarde, en el libro Cuarto oscuro, cuarto claro (2016), Pedro lo recordaría así: “en el bar Finale, ante las miradas indiscretas y los oídos atónitos de queridos y extraños, le confesé que viviría con ella el resto de mi vida”.

Mónika Herrá y Pedro Alcátara

Mónika Herrán y Pedro Alcántara. Archivo personal.

De este encuentro surgió la oportunidad de trabajar como actriz en la película La virgen y el fotógrafo, de Luis Alfredo Sánchez, junto a Amparo Grisales. A este Proyecto cinematográfico le siguieron, ya en la foto fija, El día que me quieras, de Sergio Dow; y A la salida nos vemos, de Carlos Palau, ejercicios visuales que le permitieron entrar de lleno al campo de la fotografía.

Como laboratorista del fotógrafo Fernell Franco experimentó durante tres años con diversos materiales y aprendió de él la vieja tradición de iluminar las fotografías a blanco y negro. Contando con una experticia técnica con el esténcil, la serigrafía, la fotoserigrafía y la pintura; además de ser una de las fundadoras del Frente Fotográfico, grupo de mujeres fotógrafas que exhibieron sus obras en galerías nacionales e internacionales; y su exilio en 1989 junto al ya Senador de la República por la Unión Patriótica (UP), Pedro Alcántara Herrán, sumado a varios naufragios posteriores donde perdió todo, enriquecieron su mirada sobre lo invisible de lo cotidiano, al punto de ser merecedora de varios reconocimientos nacionales e internacionales, como la Distinción Honorífica “Humanista Eximiootorgada en el 18 Encuentro de la Confraternidad Médica Nacional en Cali (2008); y el premio L´Avenir du feminin de la Exposición Internacional de Mujeres Fotógrafas como parte del IV Congreso Suizo de Mujeres en Biel-Bienne, Suiza (1995).

Mónika Herrán

Mónika Herrán, durante el rodaje de El día que me quieras
(1985). Archivo personal.

Después de muchos años, vivencias y encuentros esporádicos en el tiempo, habíamos pactado desde finales de 2018 una cita para el 23 de mayo de 2019. Lugar: F8fotogallery, ubicada en la carrera 38 #10 A -26 de El Poblado (sur de Medellín); una galería que, con su sofisticada parafernalia para el ritual del vino y el olor a un buen tabaco, invitaba a subir los escalones para ver la exposición de Mónika Herrán Restrepo titulada Anonymous.

El reencuentro entre María Isabel Rincón, artista; Luchy Díaz Granados, fotógrafa; Fernando Sierra, diseñador gráfico y yo, con Mónika, no pudo ser más emotivo. La artista salió al paso excusándose con alguien con quién estaba conversando, y surgieron los abrazos, las sonrisas y el reconocimiento de unos y otros: los cómplices de la creación y del amor por el diseño, el arte y la fotografía. Se cumplía el viejo dicho de “las verdaderas amistades son para siempre”. Vinos, sonrisas, amigos, familiares y la obligada presentación a los jóvenes cineastas caleños que realizan el documental sobre la vida y obra de Mónika, avivaron el sabor de la amistad.

La exposición, cuidadosamente curada, muestra 23 fotografías en tonos sepias de cuerpos femeninos sobre fondos con telas plegadas que recuerdan el trabajo de esos fotógrafos anodinos de finales del siglo XIX, cuya osadía de mostrar poética y clandestinamente el cuerpo desnudo de la mujer alegró la vida de muchos. Esta exposición corrobora una vez más la mirada crítica que ha caracterizado a la artista: en ella demuestra su maestría técnica y su postura estética y social frente al cuerpo de la mujer y a la comunidad que le rodea. La poética de Anonymous recupera el eterno femenino, su sensualidad, y nos devuelve a ese tiempo de nostalgia por la magia de lo secreto, de lo velado que tanto fascina.

Quisiera empezar por una historia que leí en tu libro Cuarto Oscuro/Cuarto Claro sobre la niña Pupuy, la niña que dormía en una maleta. ¿Esta vivencia cualificó tu mirada sobre el mundo y qué elementos te dio para narrarlo y visibilizarlo?

Yo, Pupuy, dormía en una maleta cuando de Medellín me llevaron de bebé a vivir a Acapulco. Me decían así de pequeña y dormía en la maleta de viaje de mi madre, pues pasábamos dificultades económicas permanentemente. Mi padre iba y venía; cuando aparecía nos colmaba de regalos y súbitamente desaparecía por meses. Pedro Alcántara, que conocía la historia, consideró que era perfecto empezar el libro con ese texto. Mi infancia transcurrió en compañía de tres mujeres: mi madre y mis hermanas María Fernanda y Margarita.

Mónika Herrán. Archivo personal.

A pesar de que tu vida ha estado marcada por un juego de luces y sombras, siempre estuviste acompañada por Blanche, tu madre: la señorita artista, una mujer sensible, inteligente y adelantada a su época que rompió todos los estándares de la doble moral (que aún funcionan), una guerrera ante el mundo. Quisiera saber si recuerdas un momento especial con ella en el que sentiste amor y un orgullo profundo.

Recuerdo con mucho amor cada momento que viví al lado de esa brillante mujer. Permanentemente estaba rodeada de artistas, músicos, pintores, poetas, teatreros, existencialistas, nadaístas, cineastas, animales de todas las especies, gatos, perros, arañas, micos, culebras, loros, plantas muchas, y muchas casas viejas de Medellín. Siempre fui feliz en mi infancia, en mi adolescencia y mi madurez. Me enseñó que solamente se debe recordar lo bello de la vida. Éramos muy unidas pues dentro de mí se albergaba otra señorita artista.

Lo sé y fuimos testigos de ese amor incondicional. A través de los años de observar y compartir la sensibilidad de tus obras llego a tu exposición en Medellín, Anonymous. En ella presentas una mirada sobre el cuerpo femenino desde una perspectiva decimonónica. Me intriga saber a quién diriges este homenaje ¿propones un rescate de la mirada hacia un erotismo sutil? ¿O es un homenaje a esos fotógrafos que se quedaron en el silencio del tiempo y cuya memoria nunca será visible?

En Anonymous hago un homenaje a la fotografía de finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX. A sus mujeres modelos, a los albores de la nueva técnica que cambiaría el mundo, los descubrimientos que esta generaría y las nuevas propuestas para la época.

Vale recordar que, en el origen de las fotografías de desnudos, las prostitutas servían como modelos pues las mujeres de la sociedad no se prestaban para que les tomaran fotos en esas actitudes diferentes y jamás vistas por la sociedad de entonces. A veces los mismos fotógrafos tampoco ponían su nombre por miedo a perder su estudio, porque trabajaban clandestinamente; eran imágenes que se tomaban soterradamente en el bajo mundo de las ciudades. Era un tabú: en el ejercicio inicial de la toma fotográfica no se permitían mujeres en el oficio y en su mayoría eran los hombres quienes lo realizaban.

En el libro presentas, a través de tu percepción, realidades del mundo. Cada fase es un campo de exploración, una nueva línea visual, una disculpa para la investigación, el espectador puede escrudiñar la objetivación del lente que profundiza en la forma, la textura y el color. ¿Sería posible que compartieras, si recuerdas con cualquiera de tus trabajos, ese instante en el que tu sensibilidad hace click y dices “voy a hacer esto”? ¿Cómo lo desarrollas?

Yo soy una artista visual por excelencia y en ese devenir de mi trabajo experimento una permanente fijación por todos los objetos, formas, luces y texturas. Cada imagen es una historia aparte. A veces tengo el dispositivo de la cámara conmigo y veo algo digno de fotografiar, lo hago; otras veces no lo tengo, pero sé que esa imagen queda como impronta en mi memoria. Considero que el mundo permanentemente transcurre frente a nuestros ojos y con la habilidad de visualista no veo, sino que miro. Tomo las fotografías sin esfuerzo. El mundo está frente a mí. Lo selecciono, lo trabajo, lo disecciono. Es un mundo de imágenes que hacen ya parte de mi proceso onírico también.

Mónika Herrán, Archivo personal.

Una de las fortalezas de tu trabajo fotográfico es el manejo de la técnica. Has explorado e innovado con viejas técnicas y nuevos lenguajes ¿Cuál es el trabajo o la serie de trabajos que más te ha gustado y con la cual sientes que deberías seguir explorando, porque con ella logras expresar o develar nuevos mundos o inquietar con viejas paradojas?

Yo vengo de la fotografía análoga. Fui laboratorista de mi propio trabajo durante 30 años. En lo relacionado con la serie Anonymous, con el desenfoque, ahora con el tema de la coloratura de la imagen, se remonta a la época de la fotografía análoga cuando trabajaba directamente sobre las copias de las fotografías impresas en mi laboratorio, sobre papel fotográfico de grandes formatos.

Trabajé con Fernell Franco durante 3 años y fui su asistente de cabecera en su laboratorio y con él aprendí a revelar profesionalmente, aprendí a colorear, a iluminar, qué significaba poner color sobre las copias en blanco y negro o sobre copias a color. Pues bien, cuando yo empecé a colorear esas fotos, había una diferencia: yo no coloreaba sobre tonos medios en blanco y negro, yo hacía unas fotografías de cuyos negativos hacía transferencia a película ortocromática, en alto contraste, y hacía sanduches de negativos en la ampliadora: pasaba ese negativo a positivo en pequeños fragmentos de kodalith, y luego exponía ese negativo en la ampliadora para hacer la copia en papel y me salía un positivo absolutamente en alto contraste sin tonos medios.

Actualmente esto se puede llevar a cabo perfectamente en Photoshop, Lightroom o cualquier programa de fotografía, o inclusive con un filtro de los tantos que tienen las aplicaciones en los teléfonos inteligentes. Esa manipulación me tomaba muchas horas de laboratorio. Una vez hecha la copia yo implementaba los óleos fotográficos marca Marshall´s, que son unos óleos pequeñitos que no miden más de pulgada y media, y tienen una coloratura de amplio espectro. Y empezaba a aplicar los colores sobre la copia de papel utilizando algodones, palillos con algodón, acetato de amilo para disolver, plantillas de papel, utilizaba la mano, los dedos también para difuminar.

¿Y cómo fue el manejo técnico en Anonymous?

En Anonymous tomo la foto en blanco y negro, luego sepio, convierto a grano y coloreo. Ahora, ¿cómo los coloreo? Pues en Photoshop: practico la misma técnica que en análogo, muy fácil, que es utilizar el color a muy baja densidad entre 10% y 15% y empezar a patinar la imagen lentamente por superposición de transparencias, pues lo más importante es que prime la fotografía como soporte base. Y la superposición de transparencias la aprendí con mis fotografías análogas y la práctica del taller de serigrafía de Pedro, que se trabajaba con transparencias para logar la suma de colores y la sutileza de la pigmentación.

Actualmente en el manejo de las herramientas del Photoshop, por ejemplo, ya no son las largas exposiciones de antes (aunque uno lo puede hacer a nivel manual), [sino] 15 segundos; no usar trípode, o usar el trípode dejando el fondo nítido y que la modelo se mueva y ahí logra un desenfoque perfecto. Ahora, a ese desenfoque trabajado a través de los programas fotográficos se puede darle variaciones de ángulo, al enfoque o desenfoque. También puedo seleccionar determinadas partes de la foto y desenfocar por secciones, yo lo aplico sin ningún reparo y explico cómo lo hice. Estoy muy contenta con el resultado.

Sobre el trabajo que más me ha gustado en este momento de mi vida me siento muy a gusto con la serie Anonymous (fotografía digital, 2019). El manejo del desenfoque ya existía desde la serie Entes de Tamaño (Natural-fotografía analógica, 2000). Siento que los procesos de la mente en la construcción de las imágenes simplemente se van alimentando unas de otras, se estructuran, se deconstruyen.

Mónika Herrán, Archivo personal.

Tu vida está llena de logros profesionales, humanos y emocionales; te has consolidado como una de las mejores exponentes de la fotografía en Colombia y el exterior. ¿Qué sueños quedan por realizar?

Me quedan muchísimos sueños por realizar. Quisiera explorar más en esta serie y llevarla a grandes formatos por el mundo. Darme a conocer en nuevos horizontes y buscar similitudes temáticas con otros creadores de la imagen.

El cine es otra de tus pasiones. Pasas de la imagen estática a la imagen en movimiento como pez en el agua, ¿Qué sigue en esta línea?

Hay un grupo de jóvenes realizadores cinematográficos de Cali, egresados de la Universidad Autónoma de Occidente, que desde hace 2 años está realizando un largometraje sobre mi vida y se llama Mónika. Se encuentra en la etapa de posproducción. Ha sido una experiencia muy enriquecedora y con ellos me gustaría adelantar un proceso de fotografía de cine en algún proyecto juntos.

Finalmente, en la era de la imagen digital donde todos se creen fotógrafos ¿cómo debe prepararse cualquier joven que quisiera seguir tu ejemplo?

A las nuevas generaciones que empiezan con la fotografía les diría que no se confíen tanto en la magia de los equipos y su última tecnología, pues si no hay una buena cabecita pensante detrás de los mismos, no saldrán con buenas realizaciones. También les diría que no se queden estáticos en un solo proyecto. Cada proyecto dirige hacia otro nuevo y así continuamente, lo mismo que el conocimiento y la lectura. Con lo digital se puede trasegar mucho en la investigación alrededor del mundo y de otros artistas mayores o menores que están buscando un desarrollo artístico importante para sus vidas.