Diseño

El subversivo arte de los juguetes de diseñador

Por:
21 / 12 / 2018

El hombre que tiene tiempo es el que juega, sueña y ríe, es en definitiva el hombre que crea, el artista.

La Fiesta del Libro de Medellín de este año me dejó una grata experiencia: deleitarme con esa estética que agrupa la ilustración, el cómic y la novela gráfica (pronto tomaré este tema) en libros muy hermosos que, de forma casi natural me llevaron hasta los Art toys o juguetes de diseñador. Por ellos recordé las Cartas sobre la educación estética del hombre, de Schiller, quien plantea que “el hombre sólo es completamente humano cuando juega” e insiste además que esta pulsión del juego es capaz de “soportar todo el edificio del arte de lo hermoso y del arte todavía más difícil de vivir”.  ¿Juego y juguetes para sentirnos vivos?

Desde una perspectiva histórica, es posible corroborar que la humanidad inicia con una pregunta, bien sea filosófica, religiosa o científica, cuya respuesta generalmente nos conduce a la creación. Y en ese intermedio del acto creador aparece el juego. Con el juego el hombre conoció  el placer del tiempo de ocio y con él navegó hasta el encuentro con la risa y la alegría. Por ello, algunas veces, el juego se materializa en un juguete, ese objeto o instrumento que expresa materialmente la lúdica y el entretenimiento que de manera simultánea devela los conceptos de destreza, emoción o competencia que le asigna cada cultura.

Juguete

Juguetes de la Grecia antigua. Imagen tomada de Internet.

Referencias arqueológicas muestran que ya en el antiguo imperio romano los niños tenían juguetes de marfil; en Egipto jugaban con figuras de animales hechos en piedra y en el Perú pre inca con muñecas de trapo: juguetes que reflejan el carácter de cada civilización. El juguete abraza, en su materialización, los pequeños placeres cotidianos que son significativos en términos de agilidad para la competencia, responsabilidad como emoción o cuidado, dispositivo para el desarrollo de la mente, la creatividad y el aprendizaje en la sociedad de la cual es signo y significante. Su discurso involucra la relación entre roles, reglas, objetivos emocionales y culturales que reproducen los valores de la sociedad a la cual pertenecen. Siendo una personificación de los valores sociales tienen por tanto un alto valor simbólico, psicológico y emocional. Así pues, hoy en el mundo contemporáneo hablamos de Art toys.

Los Art toys surgieron en el Hong Kong de los años 90. Son “juguetes” hechos por artistas, diseñadores tanto gráficos como industriales, ilustradores, grafiteros y creadores que aman las estéticas contemporáneas de forma especial la lúdica. La edición y producción de estos juguetes de diseñador es limitada y se realizan en vinilo, madera o tela.  Generalmente son hechos en vinilo blanco (vinyl toy) para que cada usuario los personalice, y este es el inicio de su rol subversivo.

Juguete

Munny, juguete de Kidrobot. Imagen tomada de Kidrobot.com

Pero entonces ¿En qué sentido son subversivos los Art toys?

Son subversivos, en primer lugar, porque aunque sean nombrados como juguetes alteran su función, que no sería entonces alimentar el juego infantil y sus posibles acciones, sino que su aspiración es mostrar el arte del diseñador como propuesta agitadora en pos de una reflexión estética y conceptual que alimenta, a partir de cada objeto, la experiencia de un coleccionista o usuario. Para el filósofo y sociólogo Jean Baudrillard, el coleccionismo podría ocupar el vacío de la religión, ya que sirve para aplicar un bálsamo frente a la “angustia del tiempo y de la muerte”.

En segundo lugar, los Art toys son subversivos porque amplían las etapas del disfrute de la lúdica en el mundo de los adultos: es decir, ya no intentan ser factor de conocimiento, formación, entretenimiento, interacción o experiencia, como ocurre en la niñez, sino que alcanzan un valor simbólico que por sus nuevas significaciones, según Walter Benjamín, se convierten en metáforas. Su comprensión objetual está en el mundo del arte como coleccionable, en el del diseño como creación-producción y en el de la lúdica como afición o disfrute.

Son subversivos en su diseño porque aunque existen tendencias estas piezas asumen significados culturales que nos introducen en el mundo de la semiótica de la representación, hecho que invita a revisar sus contenidos formales, sus materiales, su proceso de producción, sus estructuras y significados más conceptuales en el contexto en que se presentan.

Son subversivos también en su comercialización porque cada autor los crea según sus criterios estéticos. Generalmente es una figura en vinilo blanco (vinyl toy) que actúa como lienzo y cuya finalidad es ser modificada por el comprador o coleccionista (do it yourself). Otro factor disruptivo es su producción reducida que hace del juguete algo exclusivo, factor clave que lo reintegra al mundo del arte y por ende, del coleccionismo. Existe una modalidad comercial lúdica, el blind bag, que consiste en comprar a ciegas sin saber qué llegará; se puede adquirir una figura rara, grotesca, completamente desconocida o una pieza fantástica de alto valor de diseño. Esa es la parte divertida.

Crear un juguete de diseñador, de autor o de adulto requiere un proceso que pasa de la idea al boceto; de este a la modelación o prototipado en plastilina y del modelo al molde en silicona que se llena con resina polimérica para luego extraer la copia de la figura. También se pueden hacer por rotomoldeo por impresión en 3D, utilizando un software profesional, entre otras técnicas. Vale aclarar que tanto en la producción del juguete como en la preparación y vaciado se debe tener conocimiento de fórmulas químicas y matemáticas para el control del volumen de los materiales y otras formas de medición. Implica, además, un manejo preciso de acelerantes, retardantes y el conocimiento sobre las propiedades químicas de algunos materiales que por la cantidad de oferta de productos varía de proveedor a proveedor.

En Colombia estos juguetes de diseñador tienen muchos seguidores, al igual que nuevos artistas creadores como Toytoycol, Urbandru, Disc man, Lotopoto y Big Brtothers entre otros. Laterales habló con Luis Alejandro Valencia L., diseñador bogotano creador de Toy Roboto, y con Mateo Zapata y Alejandro Montoya, dos de los cuatro jóvenes diseñadores que pronto lanzarán al mercado TROY, de su marca de juguetes Sadoi. Ellos nos contaron su filosofía de trabajo, sus experiencias en la creación y producción de Art toys y su perspectiva sobre el mercado desde un punto de vista más conceptual que comercial.

Luis Alejandro, hablemos un poco  sobre usted y su pasión por los juguetes

Nací y crecí en medio de herramientas de trabajo para mecánica automotriz y los deberes de casa. Los pocos juguetes que tenía por lo general no eran de mi agrado absoluto así que los desarmaba con el propósito de hacerlos más afines con mi persona, propósito que jamás cumplí, pero por el contrario desarrollaron mi creatividad y mi gusto por las actividades manuales, por transformar y crear, dando como resultado un título universitario que posa Diseño Gráfico, un rótulo que he llevado con gusto. Pero, con el pasar del tiempo, mi cercanía a la madera y la creación de objetos fue dando forma a lo que hoy en día denomino como Toy Roboto, un universo aparte, un espacio que está delimitado por mis gustos particulares y ese encanto por los juguetes, y ya con seis años de trabajo tengo el gusto de contar con un estilo particular enmarcado por piezas detalladas, coloridas, articuladas en mi material esencial que es la madera.

Juguete Toy Roboto. Imagen tomada de Toy Roboto.

Jueugete

Juguete Toy Roboto. Imagen tomada de Toy Roboto.

¿Cómo surge Toy Roboto?

Toy Roboto parte del juguete en hojalata chino de  posguerra, donde se comienza a ver en principio copias de juguetes europeos, pero con el paso del tiempo dan origen a formas diversas que incluían naves espaciales, robots que revolucionaron una industria casi en declive y que para mí es determinante a la hora de proyectar una propuesta como Toy Roboto y el seguimiento a todo un universo rico en formas, colores y diseños que me dejan el reto de crear un  mundo paralelo, uno donde el juguete tiene alma y vida propia gracias al material mismo, porque como “juguetero” en tiempos donde lo digital es un boom comercial, el juguete debe asombrar desde lo básico para desencadenar una serie de sensaciones en el público que lo mueva a tenerlo, apreciarlo y mantenerlo vivo. Por esto, el art toy juega un papel esencial dentro de este contexto actual donde la exclusividad del juguete le suma y lo convierte en aquello que a través del tiempo se volverá particular, extraño y deseado. En esencia sobrevivirá a medida que se sienta que se extingue.

Posterior a esta interesante mirada, procedemos a transcribir las palabras de Mateo Zapata y Alejandro Montoya, dos diseñadores locales que inician su camino en este mundo del Art Toy desde el colectivo Sadoi, integrado también por José Luis Olarte y Andrea Ángel:

¿Cómo llegan al diseño de juguetes, por un trauma, por un deseo? ¿Por qué? 

José Luis Olarte, Andrea Ángel, Mateo Zapata y Alejandro Montoya, jugueteros. Fuente Sadoi.

Mateo: Desde siempre me han gustado los juguetes en general (ya que) son objetos capaces de transmitir muchas cosas: ellos pueden convertir los mundos de fantasía en algo tangible, en algo que puede perdurar en el tiempo y que todos podemos conservar; los tenemos ahí y los podemos tocar.

Alejandro: Igual disfruté de niño los juguetes, pero un día estudiando diseño quise hacer una ilustración de un juguete que fuera autoconsciente, que supiera que era un juguete pero no podía hacer nada porque estaba en una caja, entonces pensé: ¿por qué en vez de hacer la ilustración llevo el chiste más allá? Y así empecé a contactar a gente que supiera como José Luis, Mateo y Andrea Ángel, que me ayudó a modelar el primer prototipo que teníamos. De este encuentro surge Sadoi. Reelaboramos la idea original del sad toi o sad bois, juguete triste, con una estética retro del concepto ochentero de la cultura pop.

Los juguetes tienen una carga simbólica que está relacionada con la fantasía, con ese no querer crecer. ¿Qué quieren mostrar, cuál es el mensaje con la creación de sus juguetes?

Mateo: Expliquémoslo desde la filosofía de la marca que es Sadoi. Lo que queremos mostrar a través del juguete es la angustia de llegar a ser adulto: con ellos te hacemos recordar cuando eras niño pero el juguete te va a trasmitir toda la tristeza de que sos un adulto. Troy, el juguete que estamos lanzando, habla de eso; que somos adultos y que estamos muy tristes porque ya crecimos. En el empaque de Troy dice “Nada más triste que haber recibido una conciencia, una comprensión simbólica de la realidad, pero no las herramientas para hacer algo al respecto”.

Alejandro: Troy es un juguete triste y me parece chévere eso tan contrastante porque el recuerdo es que el juguete es un elemento divertido, para jugar. La idea de estos juguetes es recalcar el concepto de pérdida del paraíso, tomando en este caso el paraíso como la infancia. El juguete en sí como objeto formal, con su material, colores y formas, nos recuerda siempre nuestra juventud, pasajes de la memoria, personas y eventos. Pero eso lo hacen todos los juguetes, nuestra idea es reforzar esto con juguetes que representen esa pérdida, no solo a través de la forma sino del contenido, juguetes que lleven nuestra atención a esa pérdida que tuvimos y cómo estamos lidiando con ella. Yo siento que la nostalgia y la tristeza son sentimientos que uno debe tener y debe aprender a querer porque son necesarios y son parte vital de la vida de uno.

Juguete

TROY. Fuente Sadoi

Ustedes tienen dos líneas de Art toys: una de no licenciados o de humor que sacan de los juguetes del centro de todo a mil, son productos populares con los que rescatan el imaginario colectivo; y la línea de juguetes propios que ya mencionamos y tiene que ver con la añoranza, la nostalgia ¿qué más han pensado que es posible hacer aparte de estas dos líneas de juguetes?

Lo que más nos gustaría es impulsar el talento, explorar e intervenir objetos cotidianos y re-imaginar la cultura popular colombiana, lo criollo, y desentrañar un poco nuestra identidad nacional, por eso hemos pensado en tener colaboraciones con varios artistas que tengan una idea parecida o un humor parecido al de nosotros, volvernos un colectivo para que impulse el Art toy nacional.

Ustedes analizaron el mercado, ¿es posible una empresa de juguetes de diseñador en Colombia?

Es muy reducido el número de jugueteros y no trabajan esa idea de explotar la cultura pop de Colombia que nosotros planteamos. La mayoría de juguetes son muy artesanales, hacen juguetes cosidos, en peluche, hay gente trabajando en Bogotá pero tanto por el material como del concepto detrás de cada juguete hay poca gente trabajando en lo que nosotros queremos hacer desde ese concepto o filosofía.

Alejandro: Finalmente creemos que el juguete puede ser un medio de comunicación, de expresión. Cuando uno sale al mercado ve que todo se reduce a vamos a hacer volantes, afiches, etc., eso se va agotando, el juguete es algo que todavía no se ha explorado, me parece que para ciertos mensajes, personas, marcas o ciertas ideologías puede ser un medio que no solo transmite un mensaje sino que sea válido en sí mismo.

Mateo: El juguete también es un medio neutral para uno quejarse de muchas cosas porque dice muchas cosas pero es un juguete, es decir que no carga con esa parte negativa que tienen otros medios de comunicación, es neutral, sin embargo, con el juguete el mensaje puede llegar a más gente.

El mundo comercial y estético de los juguetes de diseñador recién comienza en Colombia. Jóvenes diseñadores empiezan a dar forma a un universo expresivo que retoma lenguajes que fusionan la nostalgia del mundo del pop o de lo existencial para recordar, mediante la presencia de un juguete, paraísos perdidos como lo propone Sadoi, universos paralelos como lo propone Roboto o el goce por los imaginarios colectivos populares que nos habitan como colombianos como lo propone otro juguetero, toytoycol. ¿Ser niños eternos significará no madurar pero producir como adultos responsables según las exigencias de este mundo capitalista? ¿O el juguete como añoranza nos permitirá asumir la pérdida de la inocencia que nos convierte en adultos productores y razonablemente tristes? he ahí el dilema…