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Call Me by Your Name, más que un film rosa

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30 / 04 / 2018

Call Me by Your Name puede verse como una película más de temática LGBT, de esas que buscan concientizar a la sociedad sobre las formas diversas del amor, generar inclusión y quizás, en el mejor de los casos, escandalizar. En mi opinión es una visión válida, aunque reduccionista, de todo lo anterior.

Recuerdo salir de la sala de cine e ir por un café. En la mesa del lado un hombre y una mujer, aparentemente docentes universitarios, hablaban de la película; él aún no la había visto, ella por el contrario sí y fue su comentario el que me causó curiosidad.

Dos historias contadas en un sólo filme

Ella contaba su versión: una historia bonita y romántica entre dos hombres homosexuales, hermosos, heteronormados, intelectuales y de clase alta; el mayor un estudiante universitario en construcción de su tesis, el joven, un prospecto de músico virtuoso; el comentario tuvo un tinte despectivo, pues aparentemente ella espera que todas las películas LGBT cuenten historias de homosexuales comunes, clase media o baja, no tan intelectuales, ni tan bellos. ¿Tendrían sus palabras algún sentido y eran un simple abuso de los estereotipos de homosexuales aceptados, o existía algún trasfondo en las elecciones del director?

Días después navegué por internet buscando comentarios en foros, y muchos decían que la película no ofrecía nada nuevo en relación a otras del mismo género; así pues ¿en qué radica entonces su éxito?

Retorné a mis anteriores deducciones y es lo que espero presentarles a continuación.

La segunda historia

Dirigida por Luca Guadagnino y escrita por James Ivory, Call Me By Your Name es una producción llena de detalles muy cuidados: todo el tiempo hay simbolismos, alusiones y menciones — algunas explicitas y otras implícitas —. Nada queda al azar o es puesto por capricho.

La película es una adaptación de la novela homónima escrita por André Aciman, así que tanto el lector como el espectador encontrarán una historia contada en primera persona y en la que el único protagonista es Elio, el joven de 17 años interpretado por Timothée Chalamet. El resto de personajes, incluyendo a Oliver (Armie Hammer), parecen ocupar un lugar secundario, como si hubiera un escalafón entre ellos. Me explico: Oliver es el personaje secundario principal, mientras en segundo lugar aparecen el papá, Mr. Perlman (Michael Stuhlbarg); luego la mamá, Annella (Amira Casar) junto a Marzia (Esther Garrel), y de ahí una serie de personajes que aportan contexto: una pareja de esposos interpretada por Antonio Rimoldi (Anchise) y Elena Bucci que muestra la división política en la Italia de los ochenta, cada uno trata de argumentar a gritos su postura contraria a la del otro, como si por encima de Eros estuviera la ideología; y una segunda pareja, esta sí de homosexuales, interpretados por Marco Sgrosso (Nico) y André Aciman (Mounir), ya entrados en la tercera edad y realizados profesional y personalmente, con una vida tranquila y de comprensión. Todo un contraste.

Otro detalle importante es la constante alusión a la Grecia clásica, de ahí que para mí la actuación de Timothée Chalamet sea impecable ya que él encarna a un Erómeno, aquel joven griego afeminado que era instruido en la política, la sociedad y las artes por un Erastés, maestro mucho mayor que él, de clase alta e influyente en la sociedad; relación que en Grecia era validada. En la película ocurre algo similar: todos parecen saber de ella pero nadie la refuta; Oliver no sólo lleva a Elio a descubrirse, también a consolidarse como persona, a expandir los límites de su conocimiento, lo lleva a la madurez mental, corporal, afectiva y sexual.

Imagen tomada de Elle.com

Sumado a lo anterior Timothée juega por momentos a ser una escultura griega, ausente de líneas rectas y llena de curvas que denotan movimiento. Baila, se flexiona y contorsiona, exhibe su cuerpo desnudo como a la espera de que Oliver lo juzgue.

Dudo mucho que la belleza y el estatus de los personajes aludan a un estereotipo que no se logró romper, porque creo más que el autor se preguntó cómo sería la pederastia de la Grecia clásica en un contexto como el de los años 80 del siglo XX, algo que en Call Me by Your Name queda claramente resuelto.

La sexualidad de los personajes

Hay películas que abordan la homosexualidad y ahí está su conflicto. Me explico: su tema gira en torno a relaciones difíciles entre un personaje que representa la aceptación y otro el rechazo, luchas contra la sociedad y sus prejuicios, la religión versus la sexualidad, o incluso el descubrir y la aceptación de la homosexualidad. Ejemplo de ellas: Prayers for Bobby, Just a Question of Love, Mariposas verdes, Jossie y Jagger, y Brokeback Mountain. Sin embargo, con sorpresa me he encontrado con otras producciones en las que la homosexualidad hace parte de la construcción del personaje pero no es el eje central de las mismas y, por ende, considero que no hacen parte del cine LGBT: Milk, Departure, Bizarre, La virgen de los sicarios, Crazy y Mysterious Skin. Para el caso de Call Me by Your Name, considero que está en el segundo grupo; y si es así ¿cuál es su conflicto e hilo conductor?

Eros como el dios del movimiento

La película es sobre la transformación vía el amor. Por ello, en este punto quiero mencionar a Eros, deidad primigenia de la mitología griega que está antes de todo, pues es la representación del movimiento que crea y destruye a través del amor, la atracción, la pasión y el deseo.

Por ende, el conflicto no está en aceptar la homosexualidad, sino en someterse o no al movimiento que causa el toque de Eros, y es ahí donde se encuentra el hilo conductor de Call Me by Your Name.

Imagen tomada de eam Cinema Magazine.

Los personajes en un principio se muestran temerosos, tratando de reconocerse entre sí. La relación amor/odio, bastante evidente al comienzo, se manifiesta en un extraño desprecio de Elio hacia Oliver, y oculta la atracción que siente por él, algo que bien recuerda la frase “del odio al amor hay un solo paso”.

Sin embargo, el pacto es cerrado con la mano de una Venus sacada del mar, queriendo decir con ello que ha nacido el amor y así el acercamiento se da, la pasión gestada entre ambos se desata a la vez que los lleva a confrontar con valentía la atracción mutua. “¿Hablar o morir?”, es la frase que Elio decide tomar para sí y que lo hace optar por la vida: él no quiere morir. Como si el silencio y el secreto guardado fueran la muerte para el ser. Oliver también opta por la vida, ambos deciden madurar, aunque lo curioso es que ocurre a la media noche, como símbolo del final y del comienzo.

Todo este proceso de descubrimiento y madurez me hace recordar a Sallie Nichols cuando dice en su libro Jung y el tarot, un viaje arquetípico: “Sin control, la emoción llena de fuego que engendra, puede destruir la vida, aunque sin la intensidad apasionada del calor emocional no puede haber transformación”.

Es verano, en algún lugar del norte de una Italia que se transforma políticamente; un paraje de ensueño donde el calor es constante, aunque éste no sólo lo emite el sol, sino también los cuerpos de Elio y Oliver. Es tan fuerte que los padres y todos lo sienten, y llegan a comprenderlo.

Todos en la casa parecen absortos, como si no se dieran cuenta de lo que ocurre fuera. Sin embargo, hay situaciones en las que Elio se siente respaldado: algo que puede verse primero con la medalla que acaricia su madre, validando con ello que aceptar su identidad y sus raíces está bien; y luego con el reloj que le devuelve su padre, dándole permiso para madurar, para cambiar vía el deseo. Gestos sutiles que dan cuenta de que los padres aceptan la transformación.

Dos viajes, dos finales

Entre los comentarios leídos durante mi pesquisa por internet, alguien comentó que el segundo final era innecesario pues con el primero era suficiente, mientras que el segundo dañaba la película. Si se mira a Call Me by Your Name como un filme común de temática LGBT, el segundo final sí es innecesario y bastaría con que Olvier continúe su viaje sin Elio. Un final hasta predecible.

Call Me by Your Name

Imagen tomada de Internet.

Sin embargo, si el tema de Call Me by Your Name es la transformación como una salida hacia la vida, en viajes separados dicha transformación se verá puesta a prueba; cada uno tomará su decisión de aceptar su nuevo yo o rechazarlo ante la ausencia del otro; Elio con la fuerza de la juventud optará por la vida y Oliver por lo conocido, aceptando su destino fatal, la muerte.

Al final

No, Call Me by Your Name no es una película más de temática LGBT porque además de los elementos que he expuesto, la calidad en la producción está por encima de lo común en otras películas del género, lo suficiente como para alabar su historia, admirar el cuidado de la fotografía y del vestuario, así como la vitalidad, tensión y equilibrio que aporta la música.

Tampoco es una película gay, porque bien podría haber sido protagonizada por un hombre o una mujer mayor, una mujer u hombre menor, y hubiera funcionado igualmente.  La orientación sexual no es más que una característica que por medio de la atracción lleva al detonante, la necesidad de transformarse mutuamente, lo que es confirmado por Mr. Perlman: no todos tienen esa suerte de encontrar alguien que esté por encima del sexo, porque el amor los transforma.

Es una película más existencial que toca lo humano en estas épocas de lo efímero, donde el amor viene en forma de aplicaciones, noches de copas, momentos de placer y múltiples amores simultáneos. Poco se habla de la trascendencia que implica el vínculo, cómo el amor nos destruye y reconstruye; pocos pueden decir “amé aunque no funcionó, pero valió la pena”; lo efímero no lo permite; solo la valentía de aceptar que esto ocurre pocas veces y a veces ni logra ocurrir.

Sí, Call Me by Your Name es una buena película que puede verse como una historia de amor entre dos hombres, pero que satisface a los amantes del detalle y de la profundidad. Vale la pena disfrutarla; es respetuosa, cuidadosa con los temas sensibles y permite preguntarnos mucho más que lo que yo aquí ofrezco.