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El ciclo cosmogónico en El mundo oculto de Sabrina (primera temporada)

Por:
3 / 08 / 2019

Notas del T.V. show El mundo oculto de Sabrina desde la teoría del viaje del Héroe de Joseph Campbell

El mundo oculto de Sabrina (2018) es la nueva adaptación del cómic homónimo publicado en 2014 por Roberto Aguirre-Sacasa. Se trata de una serie de televisión cuya primera temporada está conformada por diez capítulos, los cuales tienen su propio arco dramático dentro de una estructura compleja más grande (la temporada) que los abarca. El personaje principal es Sabrina, una chica de 16 años que es hija de un brujo y una mortal, por lo que ella es mitad bruja y mitad mortal, y debe aprender a vivir en un mundo de mortales con sus poderes especiales que implican nuevos problemas.

A diferencia de la serie cómica que ya se conocía, esta entrega de Sabrina varía tanto en el tratamiento como en la caracterización (a grandes rasgos) de personajes y el rigor narrativo con que se justifica cada movimiento dentro del mismo relato. En este caso, por ejemplo, el recurso satírico continúa sin ser central, además de tomar una perspectiva discursiva diferente que se enfoca en el detalle y en referenciar elementos mitológicos que le dan un sustento hipertextual, enriqueciendo las formas y sugiriendo una complejización de fondo.

El planteamiento muestra la cotidianidad de Sabrina, quien vive con sus dos tías y su primo, mientras asiste a un colegio tradicional con su novio y sus amigas. Su cumpleaños número 16 se acerca, y con este su “bautismo oscuro”, un ritual que debe completar para finalizar su conversión en bruja por derecho propio. Al participar en dicho ritual, Sabrina debe dejar su colegio y a sus amigos para asistir a otra escuela especializada, donde se perfeccionarán sus poderes.

Según el orden natural de las cosas, planteado en la serie, lo más lógico es que Sabrina proceda con su bautismo, en el que debe entregarle su alma al Señor Oscuro. Sin embargo, esta chica cuestiona todo y suele encontrar mensajes en cada acontecimiento de su vida. Es decir, ella no actúa a la ligera y esto le trae conflictos internos y con quienes la rodean. Pone en duda la legitimidad de la religión que debe profesar según sus tías, las bases de esta y sus deberes como bruja, por lo que decide no bautizarse hasta estar completamente segura. La decisión es el detonante de una serie de retos que tendrá que enfrentar nuestra heroína para reconciliar a sus dos mundos o finalmente elegir pertenecer solamente a uno.

Ese constante cuestionamiento que hace la protagonista va de la mano de una perspectiva feminista, la cual fue usada en el momento de construir el personaje dentro de un universo donde los roles de género están establecidos, y se representan incluso en una disputa dual entre ambos planos: el mortal y el sobrenatural, que se entiende como superior. Esta dualidad que atraviesa todo el universo diegético y constituye el conflicto principal de Sabrina como heroína da cuenta de la oposición de características que describe Joseph Campbell en El héroe de las mil caras. Por esto se hará una lectura detenida de la serie, teniendo en cuenta algunos aspectos otorgados por dicho texto.

El ciclo cosmogónico es la segunda parte del viaje del héroe definido por Campbell, el cual comprende, en uno de sus capítulos, una fase llamada El nacimiento de virgen. Este se divide en tres fases principales que serán relacionadas a continuación.

El primer paso del nacimiento de virgen es el universo maternal. Campbell toma textos folclóricos para ilustrar este aspecto, y en este caso utiliza el Kalevala. Con ayuda de fragmentos de poesía mitológica ilustra aquel origen cosmogónico que determina el porvenir del héroe. Es el aspecto maternal el que le da origen, “el espíritu generador del mundo”, y el personaje debe superar esta etapa del vientre materno para salir al mundo y enfrentar los retos que finalmente lo convertirán en un héroe. A pesar de que uno de los pasos de Campbell en el viaje es el primer umbral, en este caso el primer umbral puede corresponder al segundo nacimiento del héroe, quien experimenta una iniciación.

El universo en el que el personaje de Sabrina parece haber sido arrojado es un mundo dual: existe el bien y el mal como condición transversal que moraliza tanto el plano mortal (aquella parte mimética con la que nos identificamos como espectadores), y por otro lado está aquella construcción fantástica a nuestros ojos, pero la única posible a los ojos de sus habitantes, los brujos. El orden establecido es una reconciliación más o menos diplomática entre estos dos planos, con uno persiguiendo clandestinamente al otro; coexisten y en ocasiones se yuxtaponen pero las leyes no permiten que haya una mezcla entre estos. Es por esto que el universo maternal, que se instala como original y representa la virginidad, no puede determinarse a ciencia cierta. Lo que sí es posible es una proposición osada, y es afirmar que ambos universos corresponden a esta condición, cada uno desde un aspecto diferencial. Es decir: si se va a tener en cuenta la posición espectatorial frente al relato, lo maternal y aquello que da origen a los demás factores es aquella condición de mortal que tiene la protagonista y todos los lazos emocionales que esto lleva consigo: tiene novio mortal, amigos mortales y costumbres de mortal. Pero si se va a tomar la perspectiva interna, aquella desde la cual se narra, es necesario anotar que el relato plantea el mundo inmortal como preestablecido y origen de todo lo demás.

Ahora, teniendo como punto de partida ambos planos, es posible determinar aspectos del universo maternal en cada uno. El ámbito fantástico no es maternal per se, pero la forma en que los personajes del relato lo perciben como superior y ordenador del mundo dan a entender que este representa a la figura materna y es el punto de partida para todo lo demás. Hay que aclarar que la figura maternal no es necesariamente una representación figurativa de la madre. En este caso, la madre de Sabrina es una mortal, y su unión con Edward (el padre) da como resultado un descontento en el mundo fantástico, pues sus leyes se ponen a prueba con el matrimonio y se sugiere que es esto lo que finalmente es la causa de la muerte de ambos.

Las tías Spellman, Hilda y Zelda, son quienes se encargan de la crianza de Sabrina con valores de bruja dentro del mundo mortal. Ellas cumplen la función de mentor en este viaje, además de ocupar, igualmente, el lugar de la madre -en cierta forma-, pues su labor se concentra en guiar a Sabrina para que siga con su bautismo oscuro sin cuestionar los motivos ni los principios de la Iglesia de la Noche. Ellas aseguran que cada movimiento que realizan lo hacen siguiendo los deseos de Edward Spellman, pero la validez de esta afirmación se va reconsiderando a medida que la trama avanza.

La resistencia que opone Sabrina a obedecerle a la Iglesia de la Noche es, para ella, un segundo nacimiento, y su forma de enfrentarse al mundo. Esta decisión desata nuevos retos que complican su lucha contra el Señor Oscuro, lo que finalmente la lleva a someterse a él “voluntariamente”, a cambio de poderes especiales para ganar la última batalla de la serie. Este es el momento en que se cumple un ciclo y hay un tercer nacimiento de Sabrina, cuando renuncia a su condición de mortal y se convierte totalmente en bruja. Así es como ella “mata a la madre” y no sólo se aleja de la figura literal (su madre mortal), sino que también renuncia a su vida de mortal, en este universo original desde donde ella comienza su viaje.

Es aquí donde llegamos a la fase de la matriz del destino, donde Campbell asegura que aquella madre que da la vida es la misma que trae la muerte. Esto es evidente en El mundo oculto de Sabrina por sus numerosos nacimientos como heroína. El último que se menciona es, según este análisis, la muerte, porque se hace una subversión de los valores en el personaje y todo lo que había reprochado la chica durante los diez capítulos de la primera temporada se convierte en su vida definitiva, abriendo un nuevo ciclo que sugiere una secuela, por supuesto con fines comerciales.

En el caso de Sabrina, su figura materna más evidente no es a simple vista aquella que da y quita la vida. En una posible lectura, el intento de Sabrina por aferrarse a su naturaleza mortal proveniente de su madre la empuja finalmente a abandonarla, dándole un cierre a su vida ordinaria y, de esta forma, muriendo para renacer como bruja. Este mismo ciclo se puede leer también tomando como elemento fundacional al Señor Oscuro, pues es sólo a través de la relación con él que Sabrina tiene estos diversos nacimientos y logra obtener la totalidad de sus poderes.

Campbell también afirma que la mujer toma distintos disfraces para presentarse en el mundo ante los hombres, lo que es una muestra de la dualidad del universo diegético y cosmogónico. Este carácter ambiguo está latente a lo largo de la construcción de todos los personajes y la forma en que estos se relacionan entre ellos. Es decir, esa constante disputa entre el mundo “alto” y el mundo “bajo”, lo que Bajtin llamaría sabio y popular, respectivamente. Es una pugna incesante que finalmente logra el avance de la trama con más éxito que los acontecimientos por sí solos.

El hecho de que la serie sea fantástica como género da la idea de un factor más bien irreal y alejado de un intento de verosimilitud. Hay un uso de dos tipos de tomas: la fotografía tradicional que es cuidada y con uso de planos equilibrados, y por otro lado hay un uso estratégico de tomas difusas, alteración de los colores y la perspectiva visual que da cuenta de ese aspecto dual del universo. Es así como la forma refleja el fondo de la serie: una crítica a los parámetros dominantes que establecen un modus operandi desde donde se desarrolla un orden social rígido.

La tercera y última fase del ciclo cosmogónico se titula El vientre de la redención, y es aquella etapa en donde Campbell describe lo que ocurre con la llegada del héroe al mundo humano, aquel que está plagado de aspectos grotescos y quebranta los valores “ideales” que fueron concebidos desde la figura materna. Afirma Campbell que es aquí cuando la sociedad cae en el desastre, en la degradación. Al haber surgido del vientre materno, nace del vacío, porque la madre parte de una falta para originar dicha vida, haciendo el proceso cíclico que determina lo femenino y la generación del mundo según los relatos mitológicos citados por el autor, los cuales se encuentran en ese punto común.

La redención se simboliza con el vientre materno precisamente por ser el origen de la vida, pero es una situación ambigua, pues cada nacimiento del héroe tiene una connotación distinta. Sabrina, esta bruja joven que sufre por una búsqueda interna de su verdadero universo maternal, nace como virgen dos veces: en su nacimiento literal y en su bautizo oscuro, cuando comienza a darse cuenta de que la Iglesia de la Noche puede no ser el único camino válido a tomar en su vida; al rechazar los ofrecimientos del Señor Oscuro, aquella figura protectora que le otorga a Sabrina sus poderes como bruja y esas libertades especiales de las que goza sólo al someter su alma.

Estos valores religiosos son mostrados de forma muy distante, lo que da cuenta de esa actitud crítica que tiene Sabrina mientras aprovecha sus poderes para enfrentarse a los problemas que el ser bruja le trae, paradójicamente. Sin embargo, también funciona como una representación de lo absurdo del mundo mortal, que en el caso de la serie es mimético, trayendo esa crítica al plano extradiegético desde donde se lee el relato.

Ahora, que la protagonista sea una adolescente en plena etapa rebelde no es gratuito. Esto va acorde con su forma de hacerle frente a su destino y, aunque discute con más propiedad que una adolescente real, plantea un paralelo entre su juventud y su inexperiencia como bruja, en relación con ese estado virginal de la heroína. Hay una recurrencia a esa inconformidad que algunos jóvenes manifiestan cuando están creciendo, que en el cine se ilustra muy bien en varias películas de tipo coming-of-age, como The Virgin Suicides, Mustang o Ferris Bueller’s Day Off. En todas las producciones dentro de esta categoría hay un descontento generalizado frente al mundo, como una actitud absurdista que hace que los personajes no se hallen dentro del universo diegético en el que fueron arrojados, y esto los impulsa a cuestionar todo, yendo más allá de la simple rebelión y pasando al plano del discurso.

Finalmente, y sin detenerse demasiado en los detalles técnicos (que no son muy organizados) de la serie, es claro que su protagonista culmina aquel viaje del héroe teorizado por Joseph Campbell y se apoya en referencias de la cultura popular y algo de ocultismo para complementar el relato proveniente del cómic. Como adaptación, esta pieza podría mirarse desde otras aristas, pues el cómic en el cual se basa cuenta fragmentos narrativos que la serie obvia, por el formato y por los fines dramáticos que se plantea, siendo consciente de sus propias limitaciones. Lo crucial en este documento es un acercamiento temático frente al ciclo cosmogónico, en un intento por aclarar ciertas ambigüedades que la serie en sus diez primeros capítulos no logra desenmascarar.