Música

K-Pop ¿una industria sin corazón?

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3 / 03 / 2018

El K-Pop se ha convertido en una tendencia cultural que ha comenzado a conquistar a Occidente. ¿Pero cuál es su costo?

Corea del Sur es, sin duda alguna, un país que se reconstruyó de las cenizas de la guerra con su vecino del norte. Una nación que durante las últimas décadas se ha convertido en referente de la industria tecnológica, pero que a la par ha incrementado su influencia en la industria cultural y del entretenimiento con el llamado K-pop y los K-dramas, que reciben el nombre de Hallyu (ola en coreano)

El K-Pop es una industria que no se cansa de producir grandes cantidades de artistas y agrupaciones, las cuales a su vez alimentan una considerable cantidad de público en toda Asia, Medio Oriente, algunas zonas de Europa, América Latina y Estados Unidos.

Si bien muchos en América Latina escucharon en 2012 al cantante coreano PSY con su éxito “Gangnam Style”, esto no trascendió más allá de un fenómeno viral de YouTube pero dio una muestra de lo que estaba sucediendo en la península coreana con la industria musical.

El pop coreano, o K-Pop, es una industria que comienza a establecerse en la década del 60 y a la que se integran elementos occidentales, lo que conlleva a que en las décadas siguientes la música coreana comience a enriquecerse con otros sonidos, aunque no es hasta mediados de los 90 que el K-Pop conquista a toda Asia.

Esa conquista se ha basado en dos elementos: el primero es el papel de las empresas de entretenimiento que basaban sus operaciones en la danza o la producción musical. Estas empresas comenzaron a fusionarse, creando pequeños emporios donde los artistas eran formados desde jóvenes para atacar diferentes segmentos del mercado, por ello cada banda o artista coreano es un producto moldeado por estas empresas para conquistar a un público determinado.

El segundo elemento es un factor económico, basado en los incentivos del mercado y los precios. Corea del Sur, al ser una economía altamente competitiva, favoreció una constante innovación en los procesos de distribución de la música coreana, lo cual permitió que allí fuera mucho más económico producir y distribuir música, por encima de otros países altamente industrializados como Japón o Inglaterra.

K- Pop, la punta de lanza coreana

En la actualidad el K-pop ha tenido cada vez mayor presencia en la industria del entretenimiento occidental. Sin embargo, las empresas se enfrentan a la tarea de dar el siguiente paso para conquistar a un nuevo público al mundo del entretenimiento, y ese paso depende de un factor lingüístico. El coreano es una lengua hablada por alrededor de 80 millones de personas en el mundo, lo que se ha convertido en un limitante para su industria y no es de extrañar que por esta razón desde los 2000 sea común para los cantantes coreanos grabar sus sencillos en otros idiomas como el japonés y el mandarín, para llegar a una mayor cantidad de público.

A pesar de la barrera lingüística, las empresas de entretenimiento coreanas han sabido conquistar a los mercados occidentales con su propio idioma y ahí radica su éxito, porque muchos jóvenes en Occidente reciben la propuesta de Corea del Sur como algo refrescante y diferente a la lengua dominante en la industria del entretenimiento, que es el inglés.

Esto ha conllevado a que el mismo gobierno coreano esté haciendo esfuerzos para exportar su idioma como parte de la promoción cultural de su país, aunque esto también ayuda a su industria de entretenimiento, que ve cómo crece cada año su base de fans en países de todo el mundo.

No todo lo que brilla es oro

Si bien se reconoce el éxito que ha tenido la industria del entretenimiento coreana en las últimas dos décadas, este impresionante crecimiento tiene un precio, y ese precio lo cargan los artistas. Aunque muchos desean ser estrellas de K-Pop, pocos logran enfrentar la presión de una de las industrias más competitivas del mundo.

Sede de SM-Entertainment. Fotografía tomada de: kstreetmanila

Muchas personas en Occidente no tienen conocimiento de las fuertes presiones que deben soportar los jóvenes, quienes desde los 12 años (o menos), son entrenados para poder ingresar a algunas de las empresas de entretenimiento más poderosas de Corea del Sur, como SM, YG y JYP, sumándole a ello la presión social para tener buenas calificaciones.

Sede de YG Entertaiment. Fotografía tomada de: Pinterest

La sociedad coreana no maneja muy bien los fracasos y el milagro económico de Corea del Sur se basa, en gran medida, en una fuerte responsabilidad y disciplina. Durante décadas los niños y jóvenes coreanos han vivido bajo la presión de ser los primeros en la escuela, el colegio y la universidad para obtener mejores puestos de trabajo y mejores ingresos.

Esto dentro de la industria del entretenimiento no se modifica, y por ello muchos jóvenes pasan semanas enteras practicando danza, canto, actuación y manejo de algunos instrumentos. Deben ser artistas integrales y les hacen creer que el sacrificio valdrá la pena porque luego serán reconocidos y famosos en Asia y, por qué no, en el mundo entero.

El control sobre la vida de los artistas coreanos por parte de las empresas de entretenimiento es bastante férreo, no pueden tener novios o novias, tienen horarios de toque de queda, viven aislados de sus familias durante largos periodos de tiempo, sus vidas se resumen en producir la mayor cantidad de canciones, shows en vivo y publicidad.

No es de extrañar que dentro de la industria coreana — así las empresas hagan enormes esfuerzos en ocultarlo — haya consumo de drogas, fuertes problemas de trastornos alimenticios y depresión. Muchos de los jóvenes que hacen parte del entretenimiento coreano deben lidiar con una fuerte presión durante su vida útil como artistas, antes de poder salir con una buena cantidad de dinero que les permita establecer otro tipo de negocios para sus vidas adultas.

En algunos casos la industria del entretenimiento coreana puede ser tan insensible que cuando se da cuenta de que sus artistas tienen algún problema ya es demasiado tarde. Así ocurrió con Jonghyun, un joven artista que se suicidó en diciembre del año pasado y que se perfilaba como una de las caras a mostrar a nivel internacional del K-Pop.

Jonghyun imagen de funeral. Fotografía tomada de: Dailymotion

Jonghyun sufría de una grave depresión que, al parecer, fue pasada por alto por su agencia, SM, la cual solo le dio autorización de continuar su tratamiento psiquiátrico una vez terminara de grabar su último álbum, el cual vio la luz hace pocos días con el primer sencillo “Shinin”, lanzado el 22 de enero junto con el último vídeo que grabó semanas antes de su suicidio.

El lanzamiento de su último trabajo generó gran expectativa entre los fans, como también algunas críticas por lo cercano de su lanzamiento con el suicidio del joven artista, aunque éstas fueron silenciadas por SM Entertaiment anunciando que las ganancias de este álbum serían donadas a fundaciones que trabajan en la prevención del suicidio.

En su carta de suicidio Jonghyun manifestó la fuerte presión que sentía por no fracasar en su etapa de solista. Si bien los casos de suicidio son cotidianos en Corea del Sur, un país que tiene en promedio 15.000 suicidios por año según la OMS en su informe de 2015, el suicidio de Jonghyun puso de inmediato los ojos de todos en las empresas de entretenimiento, las cuales han sido culpadas durante los últimos años de incentivar un canibalismo dentro de la industria para obtener más beneficios.

La industria del entretenimiento sur coreana sin duda alguna hace parte del milagro económico del país asiático, pero su éxito cada vez más debe ser analizado con cuidado por el enorme costo humano que puede llegar a tener en una industria como la musical, que en 2017 había vendido más de 462 millones de dólares en música según un informe KOCCA (Korea Creative Content Agency) y la cual genera más de 80.000 puestos de trabajo.

Solo el tiempo nos podrá mostrar que Corea del Sur tiene la capacidad de cambiar una sobre explotación de sus artistas o si por el contrario valdrán más las enormes ganancias que deja la industria del entretenimiento.