Música

En la intimidad de Lumisphera, lo nuevo de Estados Alterados

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27 / 09 / 2018

La agrupación colombiana Estados Alterados abrió las puertas de su finca para revelar detalles de este disco.

Buscando a Estados Alterados en una carretera

La indicación fue clara: a las 4:00 p.m. debíamos salir en carro de Medellín al Oriente Antioqueño. Allí, Estados Alterados, agrupación pionera del rock electrónico en Colombia, nos esperaba en una finca para conversar sobre Lumisphera, su sexto disco que presentó el 16 de agosto en el Teatro Pablo Tobón Uribe.

Viajaríamos Juan Diego Álvarez (director de este medio y democráticamente elegido conductor), Alejandro Díaz (ilustrador y diseñador), Alejandro Valencia Carmona (fotógrafo) y quien esta crónica escribe. Era 6 de agosto y habíamos acordado encontrarnos en el viaducto de la estación Exposiciones del metro. El primero en llegar fui yo, después Alejandro Valencia Carmona y Juan Diego en su carro junto a Alejandro Díaz. Temiendo quedarnos atrapados en un trancón o perdernos en la carretera, de inmediato emprendimos camino y dejamos atrás una ciudad que, con su aire agobiante y pese a estar en Feria de Flores, de primaveral poco tenía.

Ya en carretera el temido trancón existió únicamente en nuestra imaginación, aunque no faltaron las motos y lujosas camionetas que más de un susto nos pegaron por su imprudencia. Guiados por una aplicación íbamos con tiempo de sobra, pero pasadas las 5:00 p.m. ocurrió lo que más temíamos: nos perdimos.

La aplicación dejó de funcionar por la baja señal. Parados en una vía destapada y sin ningún teléfono de los músicos, no sabíamos cómo llegar. A un campesino que pasaba por ahí Juan Diego le preguntó si sabía dónde quedaba la finca, pero por la cara que hizo nos dio a entender que no la conocía. Incluso trató de ayudarnos preguntándole a un vigilante, pero él tampoco pudo dar con ella.

Los minutos corrían y, deseando que mi celular tuviera señal, llamé al comunicador de Estados Alterados para preguntarle cómo llegábamos. Por fortuna la llamada entró y él, quien no se encontraba en la finca sino en Medellín, me dio las indicaciones. En mi mente traté de hacerme un mapa del lugar y cuando colgué tragué saliva antes de guiar a Juan Diego porque, aunque sea periodista, sufro de desorientación crónica. “Vea: hay que pasar un puente, luego volteamos a la izquierda, seguimos derecho, derecho, y ahí está la finca”, dije, pero Juan Diego, intrigado, preguntó: “¿No habíamos pasado ya ese puente?”. “Yo no lo vi”, respondí cual político evadiendo preguntas comprometedoras y acto seguido emprendimos marcha.

A medida que avanzábamos más perdidos nos sentíamos. Llegamos a una tienda y le preguntamos a un grupo de campesinos si sabían dónde quedaba la finca que buscábamos con insistencia, pero ninguno supo darnos respuesta. Resignados, no tuvimos más opción que retroceder y, por esas indulgencias del azar, la aplicación volvió a funcionar. Alejandro y Juan Diego miraron la ruta y corroboraron que, efectivamente, habíamos pasado por el puente que nos conduciría hasta la finca. Yo, apenado, no supe qué decir, y un chiste para aligerar la tensión habría estado muy fuera de lugar.

Salimos a la carretera, seguros y confiados que por fin encontraríamos a Estados Alterados. Íbamos a toda velocidad y no nos percatarnos de las señales que nos hizo un joven para detenernos y dejar pasar una tropilla de caballos. Asustados frenamos cuando los vimos casi de frente y tuvimos que esperar a que los entraran a una finca. Pese al susto, sacamos nuestras cámaras y celulares para grabarlos, se veían tan briosos y sus pezuñas hacían sonar al asfalto como un arroyo.

Apenas tuvimos la carretera libre tomamos una pendiente y mientras subíamos los rieles, alcanzamos a ver a Felipe Carmona (Wonder B) dándose un descanso. Por fin habíamos llegado a la finca, por fin conoceríamos de él, Natalia Valencia, Elvis (Fernando Sierra) y Ricky (Ricardo Restrepo) los pormenores de Lumisphera y su retiro creativo en el Oriente Antioqueño; el exigente trabajo con su productor, Amir Derakh; la construcción de sus propios instrumentos y la evolución musical y personal que tuvieron durante la creación del disco. Iniciaríamos otro viaje, lleno de sonidos y emociones.

“Esto es un ensayo, no un concierto”

Estados Alterados

Estados Alterados. Foto de Alejandro Valencia

Elegante y nada ostentosa, en la finca se respiraba más un ambiente familiar que musical, con empleados ocupados en sus labores y un par de niñas al cuidado de sus familiares.

Un hombre alto, delgado, de barba y pelo rojo salió a recibirnos. A primera vista parecía un explorador irlandés, pero su marcado acento paisa lo delató de inmediato. Era Ricky, baterista y fundador de Estados Alterados. Nos saludó de mano y aunque hacía frío, sus manos estaban calientes, quizás por tocar la batería durante el intenso ensayo que había tenido con la banda. Junto a Felipe Carmona, quien hizo bromas a nuestra llegada, nos condujo a la sala. Allí, además de una chimenea y algunas antigüedades, sobresalían la batería, la guitarra, los teclados y la lumisphera, el peculiar sintetizador que le da nombre al disco.

Elvis, quien estaba sentado en una silla, se paró al instante. Tan alto como Ricky y de buenas maneras nos saludó con su gruesa voz y Natalia Valencia nos dio la bienvenida desde el teclado.

Preocupado por ser un buen anfitrión, Ricky acomodó cuatro sillas de madera para que nos sentáramos y nos ofreció agua, gaseosa o vino. Juan Diego, pidió agua, Alejandro Díaz y yo gaseosa, mientras Alejandro Valencia agua con hielo. “Esto es un ensayo con equivocaciones y paradas, no un concierto. Estamos con un largo repertorio, de pronto verán unas canciones que van, otras que no”, dijo Ricky y nos pidió paciencia porque debían ensayar a todo dar.

¿Estamos listos?”, preguntó sentado en la batería, con baquetas en mano y audífonos bien puestos. Elvis, Felipe y Natalia, desde diferentes extremos de la sala, entraron en sintonía. “Un, dos, tres, cuatro”, dijo Felipe con sonora voz. Natalia empezó a tocar el teclado y Elvis cantó con fuerza, como si estuviera dirigiéndose a un pueblo aferrado a gastadas tradiciones e indiferente a las grietas de su venerado progreso: Y viste al pueblo nacer / y viste al mundo correr / y no supiste qué hacer con tanto / Es hora ya de dejar / es tiempo ya de soltar / el hacha que mis mayores me dejaron.

La canción era “Pueblo”, segunda de Lumisphera y presentada nada más y nada menos que el 20 de julio, día de la independencia de Colombia.

No siempre para vivir hay que cerrar los ojos / No siempre para morir hay que cerrar los ojos, siguió cantando Elvis y al finalizar se devolvió ocho años atrás con “Contenme”, “Sin prejuicios” y “Un deseo”, canciones de Romances científicos, álbum con que Estados Alterados volvió a alterar las mentes de sus seguidores tras varios años de silencio.

La noche comenzaba a llegar, el piso vibraba con cada golpe de batería que daba Ricky y los rasgueos que Felipe le arrancaba a su guitarra. Natalia, en medio de tanto frenesí, pulsaba las teclas como si fueran los controles de una nave espacial, mientras Elvis cantaba y bailaba igual que en un escenario.

Estaban en pleno viaje sonoro: a ratos sonaban enérgicos y desenfadados, luego oscuros y nostálgicos. En algunos momentos tuvieron inconvenientes técnicos, como el pedal del bombo que se desacomodó por la fuerza con que Ricky le pegó, pero al verlos ensayar con tanta pasión era inevitable pensar en sus conciertos, llenos de gente moviéndose al ritmo de sus electrizantes canciones, olvidándose “del baile tradicional” y haciéndole honor a la noche, tal como ellos se arriesgaron a hacerlo hace 30 años, en una Medellín atemorizada por los toques de queda, las bombas y las masacres.

Aunque traté de ser un simple periodista me era inevitable tararear algunas canciones, grabar el ensayo con mi celular cual fan y recordar tantas noches que bailé al compás delirante de “Infecto” y “Nada”, que en la finca sonaron con un toque más fresco y experimental. Ambas las canté en voz baja mientras tomaba nota en una libreta. Juan Diego y Alejandro Díaz observaban complacidos el ensayo y Alejandro Valencia, sigiloso, buscaba el mejor ángulo para inmortalizar a la banda en sus fotos.

Del pasado Estados Alterados saltó al presente con “Miedo” y “Mantra”, otras dos canciones de Lumisphera. La primera fue con la que el 2 de marzo reveló parte de lo que sería este nuevo disco. Además de su ritmo bailable, la canción llamó la atención por una letra contra la manipulación mediática y haber sido presentada en unas elecciones para Congreso que se desarrollaron entre la incertidumbre y el oportunismo.

En el intermedio de una de las canciones apareció una niña, a la que todos saludaron efusivamente. Miró fijamente a Ricky, quien se quitó los audífonos y le hizo señas para que se acercara. Era su hija y a paso lento caminó hasta donde él estaba para despedirse, en unos minutos viajaría a Medellín. “Cualquier cosa me llama ¿oyó?”, le dijo con la precaución natural de un papá y ella, antes de irse, se despidió de todos con dulzura.

Vamos relativamente bien”, dijo luego Ricky y la música volvió a rugir con “Animal”, quinta canción de Lumisphera y para la que todos se hicieron en semicírculo. La lámpara, en vez de iluminarlos completamente, los hacía parecer dentro de una caverna. Elvis cantaba lentamente, cual fiera acechando a su presa: Garras / dientes / ansia / uñas / animal / esta ciudad es un animal / un animal furioso”. El piso vibraba con más fuerza y su voz casi se vuelve un rugido cuando lanzó esta advertencia: Mejor te cuidas porque viene corriendo y te va a alcanzar”.

A las 7:17 p.m. terminó el ensayo, no sin antes sonar “Guayaquil” y “Seguridad” de Intruso armónico, y los infaltables clásicos “Muévete” y “El velo”. Tan emocionados estábamos que poco nos importó que se hiciera tarde para la entrevista, y eso que habíamos visto un ensayo en vez de un concierto.

Lumisphera, un “sintetizador alterado” 

Hoy sí la logramos ¡Salud, muchachos!”, dijo Ricky contento, con una copa de vino tinto en la mano. Elvis, Felipe y Natalia brindaron entusiastas y el tintineo de copas retumbó en las paredes del comedor.

Estados Alterados. Foto de Alejandro Valencia

Al verlos sentados en la mesa, tomando una copa de vino sin más preocupación que disfrutarla, me era inevitable pensar en todo lo que tuvieron que ensayar para alcanzar un sonido que los satisficiera. Sin embargo, además de la banda están sus vidas individuales: Elvis es diseñador industrial y profesor en Bogotá, Ricky trabaja como psiquiatra en Los Ángeles (Estados Unidos), Felipe alterna la producción de jingles publicitarios con sus proyectos independientes y Natalia es compositora de música contemporánea, con una obra, Réquiem, interpretada por la Orquesta Sinfónica de EAFIT y la Filarmónica de Medellín, y que el pasado 18 de septiembre estrenó Fanfarria a la vida y el silencio durante el concierto de aniversario del Teatro Metropolitano José Gutiérrez Gómez.

También pensé en cómo coordinaron su tiempo y sus ocupaciones para que en la finca, lejos del mundanal ruido de Medellín, pudieran crear sin distracción alguna y convivir por varios días, reto igual al de componer una canción.

Una vez que uno logra dejar allá el mundanal ruido aquí el ambiente es tremendo, se trabaja muy bacano y es ideal. Pero a todos nos toca abrir el espacio a las patadas para que los trabajos de todos los días, las ocupaciones y demás, no nos persigan hasta acá y poder abrir este espacio. Es un cuento la coordinada de todos, la sacada de tiempo, pero una vez que estamos aquí esto es un oasis”, dijo Elvis mientras jugaba con el corcho de la botella de vino.

Para la historia reciente de Estados Alterados es casi obligatorio hablar de su finca en el Oriente Antioqueño. En ella han nacido sus tres últimas producciones discográficas (Romances científicos, Intruso armónico y Lumisphera), y cada rincón guarda las historias de sus búsquedas musicales y hasta personales.

El espacio da para eso, para crear, para respirar. Cada uno, afortunadamente, tiene su espacio, puede buscar cierta privacidad y eso también es importante porque hay veces que entre nosotros suceden, como en cualquier dinámica de grupo, ciertas tenciones y qué bueno tener el espacio para respirar, tomar un aire y volver a tomar las riendas del cuento”, comentó Ricky.

Hace dos años Lumisphera tuvo una etapa de experimentación, cuando Elvis combinó sus profesiones de músico y diseñador para crear instrumentos. Como un luthier futurista, experimentó con circuitos sonoros y creó una especie de sintetizador, con forma de bola de cristal, que emite sonidos al aproximársele cualquier tipo de luz. Al principio resulta difícil describirlo y es mejor, como sugirió Felipe, verlo para asombrarse. “Es un sintetizador alterado (risas). Pero es un sintetizador que hizo Elvis como parte de un trabajo antropológico muy bonito”.  

En realidad es una máquina muy básica; no te da afinación, no te da melodías, pero da unas texturas que no te da nada más. Y cuando esta gente vio eso, fue ahí mismo como: ‘ve, esto parece una de esas máquinas antiguas, como de Tesla o Edison’”, explicó Elvis.

Maravillados por la magia que irradiaba, lo llamaron en un principio “lumisfera”, pero por sugerencia de Wolfgang Guarín, artista visual y amigo de la banda, cambiaron la f por ph y al resultarles más sonoro y universal decidieron llamarlo así, tal como más adelante llamarían al naciente disco que en principio tenía el nombre de Colodión digital.

Ahí tomó una dimensión muy bacana y empezamos a buscar qué era lumisphera. En español, si buscás lumisphera, no existe ese término y casualmente encontramos que en el idioma francés e inglés lumisphera es el foco del exposímetro. Ahí nos dimos cuenta qué era lumisphera, pero inicialmente, cuando Elvis vino con la idea, realmente no sabíamos qué era”, detalló Ricky.

Paralelo a ello hubo otra etapa, por así decirlo, de arqueología. Por invitación del fotógrafo y periodista Esteban Duperly, Estados Alterados se adentró en el Archivo Fotográfico de Antioquia de la Biblioteca Pública Piloto de Medellín (declarado por la UNESCO como “Registro Regional de Memoria del Mundo”) para buscar allí, además de inspiración, la imagen del disco.

Esteban es una persona muy dada a que eso no se quede en los closets, por así decirlo, sino que él nos decía: ‘quiero sacar esto de aquí y creo que ustedes son los indicados para que la gente lo sienta de cerca’. Hicimos una visita y curaduría de daguerrotipos, fotografía a blanco y negro, colodión, toda esa parte de la fotografía, y aprendimos mucho, recordó Ricky.  

Ver fotos con más de cien años de antigüedad, de edificios que hoy ya no existen, concurridas manifestaciones políticas, de los primeros avances tecnológicos y hasta de lecciones de anatomía fue, aparte de asombroso, conmovedor. Incluso, encontrarse con ellas les hizo preguntarse por sus orígenes y escrudiñar en su genética, ya que muchas fueron tomadas por Melitón Rodríguez y Pastor Restrepo Maya, pioneros de la fotografía en Medellín y Colombia; el primero bisabuelo de Elvis, el segundo tío abuelo de Ricky. Aunque ya tenían conocimiento de ello, el pasar horas y horas en el Archivo de la Piloto les hizo caer en la cuenta de que el arte venía de sangre y tenían una historia familiar de la que podían sentirse más orgullosos.

Gracias a esta unión de “fuerzas particulares”, como las llamó Ricky, todos se encariñaron más con Lumisphera. La semilla había sido plantada y justo cuando Wolfgang Guarín, al mirar las fotos y vislumbrar diferentes intervenciones para darles un toque fantasmagórico y surrealista, empezó a dar sus primeros brotes.

Al principio fue un poco abrumador porque había ideas por todos lados y después dijimos: ‘¿cómo vamos a amarrar todo esto?’. Pero ocurre una cosa muy bonita con la sincronización, que a veces simplemente ellas se sincronizan como si fueran ondas de sonido, y entonces empezaron a aparecer las historias de los bisa tátara abuelos de Ricky y Elvis (risas), luego el instrumento de Elvis y empezó a converger gente en el trabajo; Wolf, Pacho, Sebastián, y la llegada de Amir, que es el productor del disco”, aseguró Natalia.

La producción con Amir Derakh: “un trabajo intenso y agradable”

Había más vino en la botella y de la cocina provenía un exquisito olor que daba ganas de meterse en ella. Sin embargo, nuestra conversación debía continuar y faltaban más detalles de Lumisphera por revelar.

Tras el apasionante proceso de experimentación e investigación, vendría una ardua preproducción y producción en la que Amir Derakh, productor, DJ, guitarrista de la emblemática agrupación Orgy y hoy líder de Julien-K, jugaría un papel determinante.

Estados Alterados. Foto de Alejandro Valencia

El inicio no fue fácil. Elvis, Ricky, Natalia y Felipe, por primera vez, participaban juntos en el proceso creativo y ahí enfrentaron su primer reto: cómo engranar todas las ideas que tenían en mente para materializarlas en un disco.

Cuando vamos a empezar es como quien dice: ‘listo, vamos a hacer una sociedad, un negocio ¿de qué? ’, y hay un silencio. Bueno, ¿quién empieza? Entonces el que tire primero de ahí se pega uno para armar algo, pero puede que no sea. Claro, la primera idea no fue, pero digamos que [permitió] romper el hielo y ya de ahí empezar a trabajar, porque creativamente no hay método en esto. O sea, sí hay unos métodos, pero son cosas tan espontáneas”, afirmó Felipe.

Como monjes de clausura, se encerraron en la finca para escribir las letras, experimentar con sonidos y grabar maquetas. Trabajaron juntos, de principio a fin, y Amir, quien viajó desde Los Ángeles, proponía experimentos, hacía observaciones y marcaba un ritmo de trabajo intenso.

Amir estuvo con nosotros dos semanas aquí en encierro, en concentración (se escuchan risas). Estuvimos trabajando con él y fue un trabajo muy arduo, mucho compromiso de parte y parte. Uno aprende a convivir, que es muy difícil (vuelven a escucharse risas), y aprende de los diferentes métodos de trabajo que tienen cada uno. Era la primera vez que trabajábamos juntos en un proceso creativo, lo cual puede ser una experiencia difícil precisamente porque uno no se conoce en esa esfera, ya llevábamos bastante rato tocando pero en el proceso creativo no nos conocíamos, y no nos conocíamos con Amir tampoco”, detalló Natalia.

Aunque Amir ya había venido a Colombia para presentarse con Julian-K, acomodarse a nuestro entorno y trabajar con una agrupación colombiana fue para él un reto, más con las particularidades técnicas y sonoras que tiene Estados Alterados.

Hubo momentos en que no coincidían, lo cual aumentaba las tensiones entre ellos. Sin embargo poco a poco lograron conciliar sus desacuerdos y encontrar los puntos que los unían para beneficio del proyecto. En ello el entendimiento y la tolerancia fueron cruciales y, al momento de grabar, pudieron dar los pasos más certeros del viaje que habían iniciado.

Ya después la grabación fue otro proceso donde, como bien lo anotaban, hay que saber leer los momentos de las personas, hay que saber interpretar. Y creo que si Estados Alterados tiene algo muy valioso es la tolerancia, nosotros tenemos un grado de tolerancia bastante alto porque hubo momentos bastante tensos durante la producción. Al final todo enriquece absolutamente pero no se pueden negar apartes de la historia que se dio”, reflexionó Ricky.

Los Ángeles fue la ciudad donde Lumisphera tomó más forma. Hasta allí viajó Estados Alterados para producir y grabar junto a Amir las siete canciones que conforman el disco, mientras en Londres Mike Marsh, quien ha trabajado para titanes como Depeche Mode, The Darkness, Prodigy y Jamiroquai, se encargó de la masterización.

Al recordar la producción y grabación de Lumisphera, Natalia, entre nostálgica y satisfecha, reconoció que “la energía de cada uno hizo que fuera un proceso intenso y agradable, tanto que tiempo después Amir le envió a Elvis un mail con estas palabras que calaron en la banda: “It was a great experience. I learned, you learned. We all grew up”, (“Fue una gran experiencia. Yo aprendí, ustedes aprendieron. Todos aprendimos”).

“Un disco bien colombiano”

Cuando a finales de 2017 Estados Alterados anunció en redes sociales que trabajaba en un nuevo disco, la emoción entre sus fans se reflejó en cientos de likes y reacciones. Habían pasado tres años desde que publicara Intruso armónico y muchos se preguntaban cómo sonaría ese sintetizador alterado que era Lumisphera.

Como si no fuera suficiente, en diciembre quedaron de ataque después de que la banda revelara que el 16 de marzo de 2018 abriría el concierto de Depeche Mode en Bogotá. Y no era para menos, muchos la consideran el Depeche Mode colombiano porque en los años ochenta Elvis, Ricky y Gabriel “Tato” Lopera —quien hoy no los acompaña y en su lugar están Natalia y Felipe— irrumpieron en la escena rock con sonidos electrónicos y experimentales, distintos a los del punk y metal imperantes en aquel entonces.

Estados Alterados. Foto de Alejandro Valencia

2018 llegó en un parpadeo y el 2 de marzo fue presentado “Miedo”, sencillo que muchos conectaron con la convulsa realidad colombiana. Había vuelto el Estados Alterados que hacía mover el cuerpo con su música cargada de adrenalina, pero que también cortaba la consciencia con sus letras filosas. Algo similar ocurrió con “Pueblo”, que tras su presentación el 20 de julio dio más pistas de cómo sonaría Lumisphera, disco que en palabras de Elvis da cuenta de “esta ruta experimental que estamos tomando, de esta mirada, desde puntos nuevos de vista, de la música”.

Alguien decía, no sé qué tan cierto sea, que somos la banda que más tiempo lleva activa en Colombia. Y eso lo obliga a uno a estarse replanteando todo el tiempo. Cuando estábamos empezando, muchas veces criticándonos, nos decían que eso no es rock. De pronto a veces nosotros, con cierto orgullo, decíamos: ‘no, no es rock. A mucho honor no lo es’, pero de pronto sí es… y si no es ¿qué importa? Es un crecimiento muy chévere de eso, de considerar una cosa, la otra, muchas posibilidades, abrirse, replantear”.

En ese replantearse recurrieron a otros instrumentos y técnicas como el Circuit Bending, que consiste en modificar, a partir de cortocircuitos, aparatos electrónicos de bajo voltaje, como juguetes para niños, para crear nuevos instrumentos musicales. También grabaron golpes sobre cualquier superficie y los transformaron en material para hacer acordes y melodías, utilizaron mangueras, latas de chatarra y hasta un recipiente de comida para perro para lograr sonidos más particulares. Incluso, Elvis pegó una pelota de goma a un palo y la frotó sobre un vidrio, logrando un efecto fantasmagórico que puede escucharse en “Bendiciones”.

Además de su experimental sonido, Lumisphera llama la atención por las letras de las canciones que, aparte de la manipulación mediática, critican la ficción que crean las redes sociales (“Like”), la banalización de la espiritualidad (“Bendiciones”), el caos de las ciudades (“Animal”) y otras taras de este mundo en el que, en vez de vivir, sobrevivimos. De ahí que el haber presentado “Miedo” y “Pueblo” en dos fechas tan coyunturales no fuera simple coincidencia, aunque cuando les pregunté por ello se quedaron en silencio y hasta con risas trataron de evadir la cuestión, como si no fuera con ellos.

Es un disco bien colombiano… simplemente”, dijo Elvis y luego agregó: “Bien sintonizado con la realidad y la actualidad colombiana. He dicho”. Hubo silencio, más risas y luego, en tono más reflexivo, agregó: “Sin tomar partido, porque no queremos hacerle propaganda a nadie, definitivamente yo sí creo que hay que sentar posición. García Márquez decía: ‘si usted no se mete con la política, la política se mete con usted’, y realmente va llegando un momento en el que es cada vez más difícil ser indiferente, así uno no lo quiera se le sale”.

Ricky fue más allá al hablar de la “dimensión universal” que tiene Lumisphera, porque “el momento histórico que estamos viviendo a nivel sociopolítico, en el mundo, era algo inconcebible hace cuatro años”.

Era inconcebible poder pensar en paz en este país y, con las dificultades que trae, se está logrando y ojalá se pueda lograr de una manera real; inconcebible que gobernantes con un poder mediático, a nivel mundial, estén haciendo lo que están haciendo; inconcebible que la inmigración, tanto a nivel Colombia de los venezolanos la veamos de reojo en vez de darles una bienvenida; inconcebible que un gobierno como el americano, o ciertos países europeos, estén tratando de cerrar sus fronteras con muros o alambres. (…) Pero lo más poderoso de esto es que tú inmediatamente lo asocias con alguien, y quizás el mexicano que escuche “Miedo” lo va a asociar con su contexto. Y el americano, si algún momento lo llega a oír”.

Como en trabajos anteriores, para éste Estados Alterados fue cuidadoso en el diseño y procuró marcar diferencia con el formato. El escogido fue el vinilo, no por nostalgia, sino por volver a la música como una experiencia contemplativa que exige tiempo y disposición, bien sea para escuchar las canciones y apreciar las piezas visuales creadas para el disco.

Hay algo que está pasando con la transformación de la industria y es que las bandas ya no sacan discos, sacan sencillos, y se está creyendo que cuando hay suficientes sencillos se compilan y eso es un disco. Y nosotros seguimos teniendo la idea de que un disco es una unidad, son muchas canciones distintas pero hay un viaje, un hilo conductor. Entonces por eso seguimos apostándole a este grupo de canciones y tiene mucho más sentido un vinilo, un vinilo no lo puedes poner en el computador mientras estás haciendo otras cosas, tienes que ponerlo y sentarte a oírlo, te exige una disposición diferente”, argumentó Elvis.

Si bien esto suena muy atractivo, hay quienes se preguntan cómo escucharán Lumisphera, dado que no tienen un tornamesa a la mano y optarán mejor por descargarlo en las plataformas digitales. A ellos, Ricky les hizo la invitación de “romper el parámetro de que no hay el tornamesa, porque dentro del vinilo van a venir sorpresas para los netamente digitales”. “Más allá de eso, el vinilo va a tener un bonus track que no van a tener las plataformas. Entonces, el que tenga el vinilo va a tener una pieza de arte en sus manos y todo el concepto de Lumisphera”.

“Lo que hacemos lo queremos hacer bien”

Con un sexto disco en las manos, además de 30 años de trayectoria, reflexionar sobre lo hecho y vivido como banda fue inevitable. De las críticas y otras dificultades que sortearon al inicio, al éxito que vino después de rotar un vídeo en MTV (“El velo”), firmar con disqueras grandes y, recientemente, abrirle a Depeche Mode, han quedado lecciones para seguir haciendo música, aun lo complejo que es desde la escena independiente en que ahora se encuentran.

Creemos en lo que hacemos pero como banda independiente, hay que ser honestos, no es un proceso fácil. Ustedes aquí nos ven, en este bello espacio con equipos, rodeados de cierta capacidad tecnológica de poder sonar, pero cada elemento, desde cada cable hasta la lumisphera, ha implicado un esfuerzo inmenso que muchas veces económicamente no se ve reflejado, especialmente en un medio como el de hoy. La satisfacción, como hablábamos nosotros, es a nivel de que somos unos convencidos de que lo que hacemos lo queremos hacer bien”, dijo Ricky con cierta melancolía en sus palabras.

¿Cómo han logrado mantenerse firmes, qué han hecho ustedes para lograrlo?”, les pregunté inquieto y él, después de unos segundos de silencio, respondió a nombre de sus compañeros y con la certeza de que se ha hecho realidad una utopía: “Yo creo que hay algo muy valioso: hemos mantenido la visión y misión de lo que es Estados. Hemos protegido no a la fuerza, sino a nivel de una naturalidad absoluta de parte de nosotros, lo que es el concepto de un grupo tecnológico. Y eso la gente lo ha entendido”.

Pasadas las 9:00 p.m. terminamos de conversar. Salvo las chispas que salían de la chimenea no se escuchaba otro ruido en la finca, aunque luego hicimos retumbar las paredes con una carcajada que soltamos después de tomarnos una foto con la banda, y todo porque Juan Diego terminó captado con una pose nada fotogénica. Felipe partiría a Medellín mientras sus compañeros se quedarían en la finca, pero antes de irse le recordaron que al otro día debían ensayar a toda máquina.

Como el buen anfitrión que fue, Ricky nos acompañó hasta la entrada con Natalia. Hacía más frío del que cuando llegamos y varias estrellas brillaban en el cielo. Alejandro sacó la cámara para capturar su mágico brillo, mientras Natalia nos señalaba el camino más rápido que podíamos tomar a Medellín. Juan Diego lo anotó en su mente y después de despedirnos cálidamente emprendimos viaje.

De nuevo en carretera el cansancio era evidente e imaginarnos el bochorno con que nos recibiría Medellín lo aumentaba. Aun así, ánimos tuve para agendar el 16 de agosto, y todo porque iría al Pablo Tobón Uribe para, además de bailar las canciones de Lumisphera, confirmar porqué con Estados Alterados los seres de la noche son eternos. Y vaya que sí fueron eternos en aquella calurosa noche.