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Las Moiras

Recordarnos para construir futuro

11 / 04 / 2020

Somos madres, monjas de claustro, intérpretes, trabajadoras sexuales, brujas, sombras, teteros, lápices, caleidoscopios.

Nosotras, que bajo el seno de una jauría cálida, combativa y profundamente indignada, decidimos cantar y declarar «¡Se les acabó la fiesta, pirobos!». Nosotras, que nacimos con manos y con menos. Nosotras, que crecimos en campo minado y adiestradas por una voz rotunda que desde siempre nos ha ordenado: «calladas, sentadas, arriba, abajo, a la derecha, sordas, ciegas, violadas y muertas». Nosotras, que nos acostumbramos a ignorar, a preguntar qué hemos hecho mal, a creer que merecemos el olvido al que hemos sido condenadas.

Siempre hemos tenido nuestro grito en el cielo, porque la lucha es cotidiana y nunca duerme. Aquel 8M de 2020, la calle se pintó con nuestra rabia, con nuestras arengas; la calle gritó que, si tocan a una, nos tocan a todas, porque somos históricas, porque mordemos, porque nos hicieron creer que afuera «sálvese quien pueda». Pero ahora, que nos estamos defendiendo con uñas y dientes, ahora que nuestros cuerpos no son su material de consumo, ahora que incomodamos y reventamos todo por las que ya no están, por las que seguimos, por las que vienen y por las que ya no tienen fuerza.  Ahora sí que no le servimos al mundo.

Somos madres, monjas de claustro, intérpretes, trabajadoras sexuales, brujas, sombras, teteros, lápices, caleidoscopios.  Somos hijas del fuego, ese fuego que se manipuló en nuestra contra. Pero ahora, fuego con el que hacemos trincheras, fuego con el reivindicamos que nuestras luchas NO PUEDEN seguir siendo prostituidas por el poder, fuego que nos consume cada vez que justifican una bolsa con nuestro cuerpo en pedazos, cada vez que justifican nuestro encierro entre cuatro paredes por un anillo en el dedo,  cada vez que nos tienen lástima, cada vez que nos conceden silencio, cada vez que creen que sólo hablamos en serio cuando nos  arrebatan la existencia.  Porque no, nuestra lucha no es solo porque nos están matando. Nuestra lucha retumba porque no nos han dejado ser, porque han tratado de hacernos llenar cuadrículas, porque nos han puesto en contra, porque creen que ser mujer es tener una vagina y un par de tetas, porque con el más mínimo acto de represión nos arrancan pedazos y pedacitos.

Decidimos tomar el fuego porque tenemos que poder estar desnudas, tranquilas y vivas; porque tenemos que sentir que nos pertenecemos. Porque, seamos CIS o seamos TRANS, seguimos siendo NOSOTRAS.

Decidimos tomar el fuego porque nos REHUSAMOS a que nuestros úteros sean nuestra tragedia, y nos REHUSAMOS a que sobre nuestra cabeza y en nuestro nombre se sostenga el patriarca que vendió nuestra vida.

«Memoria» es la aliada que nos mantiene en pie para poder decir «¡Silencio nunca más!». Y es que ahora que sabemos que la oscuridad no es nuestro sitio, viviremos gritando por lo que nos fue negado a todas, seguiremos incendiando el paraíso si este ha sido traidor, seguiremos bendiciendo nuestra identidad. Y sobre todo, haremos de un día una vida de lucha para que, luego de unos cuantos gritos, nuestras niñas puedan ver las calles, los hogares, sus cuerpos y decir: pertenecemos.