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Mancha negra y furia

Notas bajo el brazo

6 / 03 / 2020

Cuando la vida amenace sombras, no huyas. Prepárate para aprender de la inclemencia.

Todo es porque te estás hundiendo.

Natan Zach

SENTIDO

No te la tomes tan en serio. Sin dramatismos, la vida se hace más liviana, más fresca. La lucidez estará a la mano y un negro humor —no una burla tonta— dará sazón a cada uno de esos días donde la nada te acecha. Porque la vida, ese exangüe fulgor al que buscas soluciones, es todo aquello que se pudre.

DEVOCIÓN

Ir tras el conocimiento tiene algo de tontería: siempre llega de afuera. Lo que aprendas ya es la mirada de alguien más. Entrar en ti misma —y comprender— te hará bien. Te convertirá en una soledad despierta. Pero eso no significa retirarse del mundo ni abandonarse a él, pues, de igual forma —elijas dentro o busques fuera— el hueco que eres será espejo de abrumadoras ausencias.

SENDA

Luego de mucho caminar, no es extraño sentirse cansado. Al momento de la piel curtida —del sexo seco— la claridad de las cosas es una recompensa por haber vivido. Es lo que llaman: “sabiduría”. Y la muerte: ese torrente de agua fresca donde ya no habrá lamento alguno.

SER

Esos límites que te roban la tranquilidad. Ese brumoso estar entre preguntas estériles y vanas respuestas, ensombrecida en medio de la matanza. Todo aquello que te hace languidecer. Todo eso y el miedo a no alcanzar tus más íntimos sueños. La ruina de una ominosa costumbre con sus amargos duelos y las inútiles esperanzas. Eso y más eres tú que no sabes si aceptar la sed o negar su agua caliza. Esa es la herida del vivir: el apurado deseo de salir del hueco que nos traga —sin previo aviso— con su imán de nada.

MUNDO

¿Para qué ir tras lo que no podrá ser? ¿De qué sirve inventarse una vida que no será alcanzada? ¿Una muerte golpeada por la luz mortecina del desconsuelo y la constante duda? Existir no es exactamente dominar lo que nos depara el porvenir. Igual al ciempiés que busca enterarse por su modo de caminar —en un innecesario intento— podrías caer. Ya no será tuya la levedad de quien podría alcanzar su propio lugar en el mundo: tropezando —una y otra vez— con todo lo que tenías cerca. Tan tuyo.

SOBRESALTO

Cuando la vida amenace sombras, no huyas. Prepárate para aprender de la inclemencia. Aprovecha los torrentes de bilis. Hazte a una piel más fuerte. Resiste. ¿Para qué negar que la vida es tempestad? ¿Afilado estruendo? No sentirás el vuelo si no aprendes de la caída. Abismarse tiene sus bondades, no es solo un decir. Cae entonces, y hazte amiga del abismo. Ese es el lugar que a todos corresponde. Es la única manera de probar las alturas.

GESTO

Existir es permanecer en la angustia, porque la inmediatez se apropia de nuestros rasguñados pasos, tal como un pájaro hace suya una rama para el nido que será llevado por el viento. Como la muerte que nos pone a pensar en un final definitivo, aunque tengamos una débil sospecha, una insólita conjetura, esa respuesta consoladora que nos invita a pasar los días en procura de una mudanza, de una luz nueva. Como la vida —que al vivirse— nos hace añicos.

VAGUEDAD

La vida nos enseña por medio de tanteos. Nos pone frente a frente sin discriminar entre el entusiasmo o el hambre. Entre el gozo o el inusitado abandono. Yéndose hacia otro lugar, la vida nos deja exhaustos, lamiendo el polvo que seremos. Y ese amor enfermizo que hemos sido, ese leve susurro que se pierde entre los muros, es la caricia fatal de la muerte —dulce ropaje del vacío— desnudando nuestra calavera.

EXIGENCIA

La vida, no obstante, necesita tu fuerza. Y la fuerza está en lo que puedas hacer. Por frágil que sea. Pocas veces es aquello que digas para escapar, aunque haya alguien que te crea. Recuerda que una respuesta, una sola respuesta que se reciba con duda o entre azarosos titubeos, podría obligarte a enmudecer y tal vez —ha ocurrido— a cambiar de dirección. El poder de decisión, es mejor que lo sepas, no radica en lo poco que se dice de aquello que buscamos decir. Está cifrado, más bien, en la manera en que quienes nos escuchan deciden escuchar. Por eso existen las silenciosas cimas donde el viento arrecia.

FRONTERAS

Una mirada comprometida con lo que ocurre te puede convertir en cómplice. Y estar fuera de los acontecimientos podría negarte un lugar en la consigna que podría llegar a dirigir el mundo, dejarte sin ninguna posibilidad, con el amague de quien creyó oír el grito liberador sin saber su procedencia. Por eso, al situarse en el camino que proponen los hechos, los cantos nunca habrían de quedar al margen. Aunque no vayan muy lejos. Así, entre esas apuestas por extensos trayectos donde se podrían vivir grandes aventuras y aquellas que prefieren una pequeña silla en la calma del bosque, se van creando divergencias que se enquistan en los corazones de los hombres. Así, no de otro modo, se conciben los destinos de la muerte.

TIERRA

Hoy solo es el ayer del mañana, el pasado de lo que se arriesga a cada instante. Y cada paso hacia el futuro tiene un precio que debemos pagar: sin los fatigosos sacrificios que solemos cumplir, perderemos la oportunidad de crear fiestas duraderas. ¿El horizonte merece más arrojo que meditación? ¿Quizás nos hacen falta esos deleznables amores que nos dejan exhaustos? ¿Es inútil todo intento por lograr la dicha? ¿Acaso detenerse y contemplar cómo la vida se va haciendo sin la necesidad de vanas preguntas le dará ventajas a la muerte? ¿Qué otra cosa nos podría seducir que no sea la herida repetida en el otro? ¿su caída frente a nuestras aspiraciones? Haya paz o se perpetúe la guerra, esas leves raíces que el tiempo alimenta y protege requieren de nuestra consideración.

SILENCIO

Deja que todo ocurra como debe ocurrir. ¿Para qué la queja entre muros ciegos? Nadie está detrás de ellos. Y detrás de nadie, nadie está. Un eco de lejanías inauditas está vivo. No obstante, escucha sin ambición alguna. Hazlo sin los brillos que haz obtenido, sin los honores que podrías obtener. Hazlo sin la presión de una respuesta absoluta. Las palabras son fantasmas de voces antiguas, y solo reconocerás lo poco que tengan para decir en su mudez.

PROMESAS

Mañana sabrás cómo se hace el viento. Mañana los pájaros serán un mar de alas y conocerás sus secretos. Mañana —tal vez— las crisálidas y las flores abrirán los ojos para que llegue la dicha del amor y sabrás a qué sabe tener una persona que te nombre con la dicha que buscabas. Si no ocurre, si nada de esto ocurre, no te preocupes: el tiempo te dará otras cosas mientras va cavando tu tumba. Todos tenemos una que espera en silencio y ya no habrá ningún lugar para el remordimiento.

CLARIDAD

Ese nudo que te impide vivir. Ese miedo que flota y rumia tus entrañas. Esa incertidumbre que se come tus días. Todo se va multiplicando y te hace ser una sombra que nadie espera porque no podrás llegar. Porque para ti no hay camino. Si despiertas, lo sabrás como tantos otros cuyo destino es una luz descubierta en el fondo del acantilado. Hombres y mujeres que poseen una vida entendida y llevada a cabo. Grandezas que prestan atención y merman su afán como el no-lugar de su encierro. Porque, para vivir lo vivido, hay que aprender que lo que se oculta siempre está a simple vista. Esa es la claridad que muchos buscan en medio de tanto enredo.

 

VÍCTOR RAÚL JARAMILLO

Tomado del libro inédito: MONEDAS DE ORIENTE