Cine

Moonlight, de una vida en blue

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22 / 06 / 2017

Una historia fuerte y de supervivencia, en la que la tristeza es de color azul. Eso es Moonligth, película ganadora del Óscar.

Moonlight (Barry Jenkins, 2016) es la historia de muchos niños que se quedan en el silencio de los años, representada a través de la vida de Chiron, un pequeño inmerso en oleajes de conflictos familiares y violencia social. Es una historia fuerte con un relato poderoso lleno de imágenes metafóricas, líquidas, azules, que juegan entre lo frío y lo cálido; eso es esta película merecedora del Premio Óscar, fragmentos de vida de un joven tímido a quien las circunstancias obligan a convertirse, aparentemente, en una roca.

La vida de Chiron se divide en tres actos drásticos donde la progresión de problemas va transformando su carácter: desde el acoso escolar temprano al mercado de estupefacientes y una madre adicta; desde la ausencia del núcleo familiar a la cercanía con un dealer que cumple el papel de padre; desde la inocencia de no comprender el género a cuestionamientos de orientación sexual junto a su amigo más cercano, Kevin.

La película habla de las ganas de encontrar un lugar en un mundo hostil, frívolo, triste, donde los sucesos del pasado van endureciendo a un corazón dulce hasta convertirlo en cárcel, en muralla. Chiron pasa de ser un joven retraído a ser un adulto rudo, nocturno y ostentoso, sin embargo la belleza del filme radica en que se mantienen la sensibilidad y ternura en las pupilas del personaje, como si no pudiera negar su naturaleza frágil, revelada sutilmente en cada gesto que evidencia a tientas la amenaza acechante del entorno, mas Chiron no deja de ser ese pequeño que llora como un amante abandonado.

Un aspecto riguroso y de resaltar es la fuerza emotiva del color y la grandiosa dirección de arte, pues a medida que la transformación del personaje avanza la presencia del azul es más fuerte, los tonos índigo y amarillos contrastan constantemente, pero al ser suaves, limpios y bien compuestos no saturan ni opacan al relato. Sin embargo, cuando se cree que llegará un desenlace profundo e impactante, cargado de imágenes bellísimas, de tomas en primer plano, de juegos con enfoque y desenfoque, la película minimiza la emoción con una escena cliché y débil, restando fuerza a toda la capacidad narrativa de la historia.

Sí, se espera un final que no llega, digno de esa resistencia que el protagonista fomentó en sí mismo, de esa vida en blue, azul como la tristeza de la raza negra, una vida que lleva la huella del dolor y la nostalgia en la piel iluminada por la luna.