Literatura

Perlas ácidas

Por:
5 / 09 / 2019

“Bebo un poco de Gin tonic y muerdo una perla ácida, un escalofrío me recorre por todo el cuerpo”.

Bzzz – Bzzz

-Entonves, en que quuedamod si vamoz a saliw

Mis amigos de la universidad están planeando un encuentro para que nos veamos como excusa por mi cumpleaños.

Bzzz…

Bzzz…

Tomo el celular para leer todos los mensajes:

Patricia

Vsmos a South 54 o a xalle primavera

 

No lo sé. Simpre Vamoz a ls Mismos LUGARES y mas que Clle Prnabera se yenado d prostIbulos. a mí ese mbiente no me gusta.

Ángela

 jajajjjaja. J J J J J 🙂 🙂 🙂 🙂

Carlos

Tú, trnquila que a tì n te confwnditán como ua prpstitta nunca J 🙂

Ángela

 jajajaja J J J J 🙂

 

Patricia

Pq no vmos al bar “De siempre”, el de nstro tempo en la U

A todos les gusta la propuesta, menos a mí.

***

Son las seis de la tarde y no sé si quiero ir. Aun así, quito las cobijas de mi cuerpo, dejo el diario de Anais Nin en mi cama para ir a ducharme. Mientras me levanto veo en la ventana las nubes negras tapando las montañas, para mi mala suerte tendré que salir en una noche fría y bajo la lluvia.

Mientras el agua corre por todo mi cuerpo, pienso mucho en sus vidas arregladas: sus trabajos a término indefinido en bufets de abogados, ministerios y empresas, sus matrimonios, sus vidas felices y pienso en la mía… trabajos inestables, dedicada a mis padres, con una vida en pausa. Me seco, me arreglo el cabello como pueda y me envuelvo en la toalla. Voy a la habitación y tomo el celular que no para de replicar.

Carlos

 Yo pdo deapu+ès d ls 8.

Ángela : Y puedo anes de las ocho, pa  slir tenprno a rec0ger a la nina donde mi mamá.

Bzzz – Bzzz

Carlos

rwcyerden q hay partido y yo no me pienso quedar sn ver algp. Miren q estoy en la city para que me vean, chicas.

Patricia

  Uy no ps q hinor. Yo debo irbe antes de las 10 asi q veàmnos temprno.

Carlos

A las 840 entnces, pero X favor CUMPLIDOS, no quiero qyedaeme esperándolas.

Carlos es el más incumplido, siempre llega una hora más tarde de lo programado.

Ángela  

Si, * fvor cunblidos

Patricia

 Si. Ya cuadramos la hora, no hy excuza. 

***

Tomo el carro. Pongo la música que me gusta. Voy manejando en medio de la soledad y la lluvia, me apresuro para ser la primera en llegar. Pienso en todo lo que he pasado en este último año con mi familia. Pienso en la vida y la muerte, y sobre todo, en qué voy a decir cuando me digan qué andas haciendo… Quiero contarles todo lo que me ha pasado este año, quiero sacarlo todo de mi cuerpo.

Llego y soy la única que está en el lugar, el mesero me ofrece la única mesa disponible y que está cerca al baño de hombres. Veo la carta y pido un licor nuevo llamado Perlas Ácidas, un Gin tonic de pepino con perlas cítricas. Bueno, al menos algún cambio le han dado a este cuchitril, pienso, y me siento a esperarlos. Miro la gente a mi alrededor. Muchos son jóvenes y pocos de mi edad. Todos están callados viendo el partido entre Colombia y Ecuador. Llega Carlos, pide una cerveza y me habla de qué tan ocupado está en su trabajo, con nuestro profesor de Laboral, en el Ministerio. Me dice cómo le ha tocado aprender a hablar en público porque no han sido pocas las veces que lo han entrevistado por televisión. Me pregunta qué estoy haciendo y si quiero trabajar con él en el Ministerio de Justicia. No respondo. Toma su cerveza y bebe un sorbo. Nos quedamos callados mirándonos las caras.

¡Gooooooooooooooooooooooooooool de Ecuador!

—Vida Hijueputa —dice Carlos.

Silencio…

Bzzz – Bzzz, Carlos toma  el celular y lee  un nuevo mensaje de Whatsapp:

—Es Ángela, me dice que está cerca, que parquea el carro y viene para acá.

Ángela llega corriendo. Está toda mojada.

—Ay, por poco y no llego, acabo de dejar a mi hija y casi que no me suelta. —nos dice— ¿Cómo van ustedes? — no hemos terminado de pronunciar la primera palabra cuando ella vuelve a hablar: —Ay, yo bien, ocupadísima, llena de trabajo, no he podido ni sacar vacaciones porque estamos participando en una licitación súper importante que, si la logramos, no me van a volver a ver en un tiempo.

—¿Y qué tal la niña? —le pregunta Carlos.

—Ay no, esa niña es muy especial, juiciosa, no me pone problema y en el colegio le está yendo súper bien. Tiene las mejores calificaciones de preescolar —le muestra una foto.

Sigo bebiendo mi gin tonic sin decir una sola palabra.

Llega Patricia, mira alrededor y ve que la mesa está cerca al baño de hombres, — ¿no podían escoger un lugar mejor? —, pregunta.

—No hay opción, como ves todo está lleno. Le respondo.

Va a buscar a un mesero y muy enojada trata de hablar con él sobre el cambio de mesa. El mesero mueve su cabeza haciéndonos saber que no hay mesas libres. Ella sigue insistiendo y pone al mesero de mal genio. Le habla duro pero al final no puede hacer nada y regresa.

—Para la próxima vez lleguen más temprano, así consiguen mesa, nos dice.

Se sienta e inmediatamente pide la carta.

—Este trago está muy bueno—le recomiendo.

—¿Cómo se llama?

—Perlas ácidas, es un Gin tonic de pepino con perlas de limón.

—No, yo quiero beber algo de verdad, para adultos. No quiero jugos infantiles.

Callo.

Siguen conversando sobre los viajes, la oficina, los problemas del país y de la ciudad, sus trabajos, sus vidas. Se miran entre sí evitando mis ojos. Yo me pierdo viendo a los demás que están frente al televisor viendo el partido,  celebrando el comienzo del fin de semana y el pago de la quincena.

—Sí, este año ha sido difícil para mí —digo.

—Para todos —, me dicen.

—Sí, tener que acompañar a mi tío en su proceso de muerte y mi madre que se enfermó, pues es difícil. Además, la mudanza…

—Nadie tiene que hacer eso si no quiere…  si la gente no pide ayuda —me interrumpen— no tienes que estar siempre allí para tu familia.

—Rosario está triunfando como nunca, —dice Carlos— ha salido en la portada de “Cambio” por sus conocimientos en derecho público.

—Yo… —intento decir algo más pero me quedo callada.

—Sííí, qué bien —dice Ángela— Ella sí está sacando la cara por el grupo.

—Y ya ha salido muchas veces en televisión, en RCN. Cuando necesitan a algún abogado que hable sobre el país siempre la llaman a ella —dice Carlos.

Tomo un trago y sigo mirando a la gente. Mis ojos lo ven a él. Un hombre que se encuentra en la barra, de pelo negro, cara afinada, con pantalón negro y chaqueta de jean. Está tomando una cerveza y conversa con su grupo de amigos. Detallo su cuerpo, él me mira.

—¿Saben que Yolanda se empelotó para Soho?, —comenta Carlos

—Sí, desde que hizo el vídeo aquel con su novio no le quedó de otra que terminar de buscar la vida como modelito.

—Para qué es tan bruta de hacer un vídeo.

—Es que ella desde siempre ha sido como perrita.

—No ven que el trabajo que se consiguió fue gracias a su “amistad con el jefe”.

Sigo mirándolo y él también me mira. Me sonríe, me río y vuelvo a tomar un sorbo de mi trago, él levanta su vaso y me saluda.

Ellos conversan entre sí.

¡Gooooooooooooool! Grita el locutor.

La gente celebra, grita, Carlos mira el televisor. Patricia le pregunta a Ángela sobre su hija y ésta le cuenta sobre el colegio que escogió, supo que era el perfecto para ella cuando vio que sus alumnos han tenido los mejores puntajes del ICFES. Se lo cuenta a Patricia. No a mí.

Yo sigo mirándolo a él y pido otro trago. Trato de decirles algo, pero me interrumpen y siguen hablando entre ellos.

Me levanto y digo que voy al baño

—Sí, sí, sí, En la mesa, mis amigos siguen conversando sin darse cuenta que yo ya no me encuentro.

—Querida y ¿cómo va tu vida de casada, luego de la niña?

—Ocupada, pero nunca dejamos de tener ese lado picante.

—Y ¿cómo hacen? Yo no podría, por eso es que no estoy casado ni con hijos, dice Carlos.

—Salimos a paseos solos, y bueno, o salimos por ahí. Ustedes saben.

—Jajaja.

—Jajajaja.

Camino y paso cerca de él. Le toco el hombro con el mío. Le sonrío. Sigo caminando y miro hacia atrás. Él me sigue con la mirada.

Entro al baño de hombres.

Él también entra.

Lo miro

—Estás en el baño equivocado—, me dice.

—No lo creo.

Me acerco y lo beso.

Aleja su cara, sorprendido por lo que acaba de pasar, le sonrío.

Él me besa también, me lleva a la pared y mete sus manos dentro de mi camisa, recorre mi cuerpo.

Tantea mi brasier buscando los botones para quitármelo. Me besa el cuello, me lleva hacia los lavados, me recuesta sobre ellos, y sigue besándome cada vez con mayor intensidad.

Meto mis manos dentro de su camisa y toco su abdomen y pecho.

Su mirada me eriza toda la piel. Nos seguimos besando. Le quito la correa.

Tocan la puerta.

¡Gooooooooooooooooool de Colombia!

¡Esoooooooooooo!, gritan afuera

— ¿Te acuerdas Carlos cuando fuimos a un motel a conocer? —dice Ángela.

—Claro que recuerdo.

Nos damos cuenta que las paredes son tan delgadas que podemos escuchar todo lo que mis amigos dicen. Nos reímos. Me besa un seno, luego, con sus labios recorre mi cuello, muevo mi cara y nuestras bocas se encuentran y nos besamos. Sus ojos erizan toda la piel de mi cuerpo.

Me quita la correa.

—Ayer fui a Motivos con mi esposo

—¿Y qué tal?, hace rato que no voy.

—Está renovado, lo tienen más pulcro, más organizado…  y ahora ¡hasta venden juguetes sexuales!

—Nooo, ¡mentirosa!

—Sí, disfraces y ropa interior.

—Yo sí soy un poco más elegante —dice Carlos— y me voy para un hotel un fin de semana.

—Ay no, pues ¿qué haremos?, ahora te haces el decente.

—Maduré, es que hay que madurar y ahora en mi posición no se puede dar papaya para que hablen mal.

Me toma por la cintura y me sube al lavado.

Me quita el pantalón y las bragas. Track track track.

Muevo mi cabeza y encuentro su mano cerca de mi cara. Con mi boca tomo un dedo y juego con él con mi lengua.

—Abra hijueputa que me voy a orinarrrr.

Goooooooooooooooooool.

—Me encanta hacerlo en el jacuzzi.

—Uy no, yo solo en la cama.

Nos reímos, me vuelve a besar. Tomo su cabeza y lo llevo para que recorra con su lengua todo mi cuerpo hasta llegar a mi sexo.

—Es que hay que ser sinceros, allá abajo no debería ser permitido.

—Ni manos ni lenguas. Ángela y Patricia terminan la oración de Carlos.

Se baja los pantalones.

Agarra mi cadera y la acerca hacia él.

Sonrío.

Me muerde los labios para evitar que las voces se escuchen más allá de las paredes.

Toc toc toc,

—Abraaaaaaaaaan

Gooooooooooooooooooooooool

Muerdo su oreja.

—¿Y ustedes lo harían en un baño público?

—Nooo ¡qué patético!

—Yo no lo haría en el baño y menos público, ni loca. ¿Y tú, Carlos?

—Uy, eso nunca.

—¡Para eso está la cama!, gritan al unísono Ángela y Patricia. Se ríen.

Jadeamos, nos miramos y reímos.

Pone su dedo en mi boca en señal de silencio.

Se viste, pica el ojo y cierra la puerta.

—Por estos días usé un lubricante de chocolate —dice Carlos.

—¿Y qué tal? —pregunta Patricia.

—Delicioso.

—Yo compré —dice Ángela— un polvo con sabor a miel para jugar con mi esposo en el cuarto.

Arreglo mi ropa, me recojo el pelo y me pinto los labios con un rojo intenso.

Salgo.

—¿De qué es lo que están hablando?

—Nada, de cosas que no te interesan, de cosas que tú ni siquiera te imaginas.

— ¿De qué? —insisto.

—De Moteles y de sexo, bobita.

Bebo un poco de Gin tonic y muerdo una perla ácida, un escalofrío me recorre por todo el cuerpo.

—¿Moteles?… Sí, yo no conozco los moteles.