Fiesta del libro

Pilar Quintana: “Para mí la memoria es una forma de la ficción”

Por:
15 / 09 / 2018

La escritora colombiana Pilar Quintana, autora de la celebrada novela La perra, conversó con Laterales Magazine sobre memoria y el oficio de escribir.

La Fiesta del Libro y la Cultura de este año tendrá como invitados a varias de las más notables figuras de la literatura nacional reciente; no sólo por motivo de contemporaneidad, sino también por virtud de su irrupción coyuntural. Una de estas es Pilar Quintana, escritora caleña de nacimiento y por decisión: aunque ha vivido en Bogotá y viajado por todo el mundo, conserva su acento oriundo como conservándose a sí misma.

En su haber hay años de trabajo como libretista para televisión y publicidad; cuatro intensas novelas (teniendo a bordo Coleccionistas de polvos raros, un relato sobre amor mal habido durante el zenit del narcotráfico ochentero, impresionantemente ejecutada, y que le valió el VII Premio de novela La Mar de Letras en 2010); varios cuentos publicados en compilaciones y revistas (incluyendo Violación en el Bogotá 39 de 2007, reconociéndola como una de las plumas menores de 39 años más talentosas en el continente) y un mundo entero de experiencias que la han hecho una mujer de afable y firme temperamento.

La intensidad y su segura feminidad son claves debido a que caracteriza a profundidad su más reciente novela, La perra, publicada el año pasado por Random House y galardonada con el Premio Biblioteca de Narrativa Colombiana: la historia de Damaris, una mujer de 40 años agredida por su entorno -la implacable selva del Pacífico colombiano- sus semejantes, sus expectativas y su alienación como consecuencia de ser infértil; que tortuosa pero gradualmente se rehace a sí misma y su maternidad al abrigar y criar a una perrita tras adoptarla desde cachorra. Basada en el período de vida de Quintana en la misma región, la narración plantea cuestiones de peso en torno a la vida en la marginalidad, los matices entre el sosiego y el desasosiego, las diferentes formas del afecto, la otredad y, sobre todo, el enorme coraje de la feminidad que trasciende de todo aquello que la violente y aflija.

Sobre esto, su oficio literario y sus gustos, le preguntamos hace unos días; intercambio que les invitamos a leer a continuación:

Musa Benmejía: En una entrevista publicada el pasado mes de enero, con motivo del reconocimiento recibido por su superlativa obra La perra, usted contaba que, si bien siempre ha tenido un enfoque literario, trabajó en el medio televisivo, como guionista, antes de dedicarse de tiempo completo a la literatura. ¿Encontró obstáculos en el ejercicio escritor durante la transición entre ambas ocupaciones? ¿Cómo ha abordó la redacción y narrativa sin la puesta en escena de por medio?

Pilar Quintana: Encontré los típicos obstáculos a los que todo escritor joven e inédito se enfrenta: es difícil que una editorial crea en vos y te publique, no conocía editores y no sabía cómo ni a quiénes debía presentarles mi trabajo, etcétera.

Me parece que no abordo la escritura de modo distinto para guiones y para literatura. Siempre, cuando escribo mis cuentos y novelas, trató de narrar de modo que se le formen imágenes al lector, que él pueda ‘ver’ lo que yo tengo en mi imaginación. Es el mismo método que se usa al escribir guiones y libretos. La diferencia es que los libros serán leídos e interpretados por los lectores. Los guiones, en cambio, son solo para el director, los actores y el resto del equipo de producción. Un guión no es un producto final como sí lo es un libro. Un guión es apenas un primer paso. El resultado final es la película que depende del trabajo de un inmenso equipo de gente y no solo del escritor.

MB: En esa misma línea, ¿qué podría decirnos sobre las similitudes y diferencias de la invención de personajes entre ambos enfoques?

PQ: No creo que haya mucha diferencia. Uno siempre se esfuerza por crear personajes verosímiles, con complejidades y profundidad. En cierta medida me parece que la escritura de guiones es más exigente a la hora de crear a los personajes, pues solo podés mostrarlos a través de sus acciones. En la escritura literaria, en cambio, tenés las acciones, pero podés ponerlos a reflexionar, pensar y sentir. Podés decir “Pepito se siente triste” o “Pepito pensó tal cosa”. En un guión no: solo podés fabricar una acción que sugiera lo que está pensando o sintiendo el personaje. Igual, en literatura, yo prefiero mostrar, como se hace en los guiones, antes que enunciar.

MB: En la misma entrevista, también contó que tuvo una obsesión por Crónica de una muerte anunciada gracias a la que, mediante un amigo de colegio, también llegó a Que viva la música; dos obras que bien pueden denominarse como tragedias de diferentes géneros, relatadas en escenarios y momentos distintos de la historia nacional. ¿Influyeron esas dos formas específicas de la tragedia literaria colombiana, en la tragedia literaria narrada en sus obras?

PQ: Yo creo que sí, definitivamente. Crónica de una muerte anunciada, además de ser una tragedia, tiene una estructura impecable y me enseñó mucho sobre el manejo de las tensiones narrativas y las estructuras: cómo se puede contar una historia que en la primera frase nos dice cómo va a terminar –con la muerte del personaje– y sin seguir el orden cronológico, con saltos en el tiempo.

¡Qué viva la música!, cuando la leí por primera vez a los diecisiete años, fue una obra definitiva en mi formación como escritora. Hasta entonces yo creía que la literatura era una cosa muy seria hecha por señores o señoras que estaban muertos o eran viejos y que sucedía en parajes tan extraños como la campiña inglesa, la Rusia zarista de antes de la revolución o unos pueblos perdidos de la costa Caribe colombiana. ¡Qué viva la música! me enseñó que la literatura no era ajena a mí, que podía tratarse de las cosas que me interesaban y pasar en mi barrio.

MB: Igualmente, decía que le gusta la obra de Jane Austen, hija de un mundo literario distinto y vinculado al surgimiento de la literatura específicamente relatada desde la femineidad, aspecto central e ineludible en La perra. ¿Cómo juegan todos esos elementos con su propia experiencia de vida, en la creación de una narrativa que el lector sabe que tienen la huella personal e irreplicable de Pilar Quintana?

PQ: Jane Austen es una autora maravillosa. En la época del colegio yo leía sus historias como historias de amor. Y son eso. Pero ahora, luego de haberlas releído, me parecen que son mucho más: son un retrato sarcástico y lleno de un humor muy fino de la sociedad que le tocó a ella en suerte. Yo siempre he querido emularla: tener agudeza y descreimiento en la mirada sobre la sociedad que me tocó a mí.

MB: ¿Qué es lo que más le gusta del oficio literario?

PQ: Planear las historia y corregirlas. El trabajo de escritura me parece durísimo y agotador.

MB: ¿Qué está leyendo por estos días? ¿Y qué le ha gustado de lo que está leyendo?

PQ: Ahora estoy leyendo The Crucible de Arthur Miller. Apenas lo empecé. La historia en la que está basada, una historia de la vida real, me parece fascinante.

MB: Finalmente, con motivo de esta edición de la Fiesta del Libro y la Cultura, ¿qué son, para Pilar Quintana, las formas de la memoria?

PQ: Para mí la memoria es una forma de la ficción. Me gusta mucho no llevar registro de los eventos de mi vida (no escribo diarios, no tomo muchas fotos) para poder recrearlos luego en mis ficciones con toda la libertad, sin preocuparme por cómo en realidad pasaron sino por cómo los recuerdo, pues lo que de verdad me importa no es la realidad de los hechos sino cómo los viví o sentí.