Moda

¿PIÑA PARA LA NIÑA? NO, GRACIAS. ES PLAGIO.

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13 / 06 / 2017

En el siglo XXI la autenticidad en la moda se convierte en una utopía difícil de lograr, ya que no sabemos dónde comienza el plagio y cuál es el original.

Hace algunos días, mientras revisaba Facebook para saber qué había acontecido en el mundo — porque las noticias ya llegan por Facebook y las mentiras por WhatsApp —, vi una publicación que llamó mi atención sobre el posible plagio de una piña, o para ser más claros de un bolso con esa figura característica.

El caso se presentó entre “Copycat” de Mercedes Salazar y la diseñadora barranquillera Silvia Tcherassi. El objeto en específico, un bolso Maipure con forma de piña el cual, según Salazar, la diseñadora Silvia Tcherassi había “copiado” para realizar un accesorio de su colección Resort 2018, presentada en el Miami Fashion Week.

No es raro que de vez en cuando salgan rumores de plagios en algunas colecciones, más cuando la parroquia colombiana de la moda es relativamente pequeña y de los círculos sociales que confluyen en ella puede decirse que son los mismos con las mismas.

El caso recuerda a una sonada polémica en medios nacionales al finalizar la edición 2016 de Colombiamoda, cuando el bloguero José Cantillo Ferrer denunció públicamente el parecido de la colección de Jorge Duque con otra presentada por Gucci y la de David Alfonso, diseñador de la firma masculina Erikó, con una colección de Neil Barrett.

Si bien este episodio suscitó críticas y algunos memes alusivos circularon en las redes sociales, fue solo un escándalo de unos pocos días, aunque el problema de fondo sigue presente. ¿Es la moda un campo de plagio constante? Para las personas en general puede ser un asunto menor que no trasciende más allá de los titulares, pero en realidad los diseñadores cada día deben estar más atentos a sus creaciones. Es imposible decir que elementos externos no terminen influenciado sus diseños, más cuando en la era de internet es imposible meterse a una burbuja y no ver qué acontece en el resto del mundo.

Por ello, calificar de entrada a una colección de ser un plagio de otra presentada en Nueva York, Londres, Rio de Janeiro, Cartagena o Ciudad de México es muy cuestionable, y más si se tiene en cuenta que los diseñadores, en muchos casos, toman elementos de diferentes referentes para construir su visión sobre una prenda o un accesorio.

El plagio, una práctica de la moda local

Es imposible negar el papel que jugó el plagio en el desarrollo de la industria local de la moda ¿Alguien recuerda que en los años 90 El Hueco era la meca de la moda de las clases populares? Fue en parte gracias al contrabando y al plagio que muchos medellinenses pudieron tener una conexión con la moda, porque debemos recordar que el poder adquisitivo en esta ciudad no es tan alto como para andar vestido con la última colección de Pepa Pombo o Esteban Cortázar.

No niego que los plagios se presenten y hay que combatirlos, pero estos no pueden provocar una guerra sin cuartel o una caza de brujas entre seguidores de algunas marcas o diseñadores nacionales. Si bien en Colombia, como en el resto del mundo, la moda es un asunto de las élites económicas, aquí la industria en general debería estar más preocupada por promover más la moda entre las clases medias para evitar que se repita el fenómeno del contrabando y el plagio acontecido en los años 90.

El debate no debería concentrarse a que, si una piña se parece a otra, sino en cómo hacerle frente al plagio sin coartar el desarrollo de la industria nacional, los grandes diseñadores saben a la perfección que su trabajo en mayor o menor medida terminará siendo replicado en algún lugar del mundo y si bien hay medidas para proteger su trabajo, no los vemos haciendo un escándalo en redes sociales por el parecido de un accesorio con otro.