Fiesta del libro

Voces para transformar a Colombia: testimonio y clamor de las víctimas en la Fiesta del Libro

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12 / 09 / 2018

Un recorrido al Museo de Memoria Histórica, que busca concientizar sobre la memoria del conflicto.

Viajar en balsa por las ciénagas del Magdalena, o entre velas encendidas por la noche del Atrato. Escalar los recuerdos de la Comuna 13 de Medellín en compañía de sus niños, o sumergirse en el sonido de la selva del Putumayo y la palabra de sus habitantes. Asistir al nacimiento del mundo en la narración de un mito barí que nos cuenta lo que pasó antes del amanecer. Reconocer en cada tiempo y lugar la huella de un dolor, que señala así mismo el camino de su redención.

Esto es Voces para transformar a Colombia: un viaje a lo largo y ancho de la geografía del país y la historia de sus dolores de parto que, contra lo que canta el himno, aún no cesan. El equipo del Museo de Memoria Histórica trabajó durante dos años en el diseño y producción de un gran relato del conflicto armado interno. El resultado -que para sus gestores sigue en construcción- es la exposición que abrió sus puertas al público en la última Feria Internacional del Libro de Bogotá (FILBo) 2018, y que llega este septiembre a su segunda puesta en escena en el marco de la Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín.

Dominando una porción significativa del Parque de los Deseos, el pabellón de madera de Voces alberga diversas piezas museográficas que presentan, como voz central, los testimonios de las víctimas: sus afectaciones, sus resistencias y su clamor. Junto a ellos, otros tantos recursos expositivos aportan elementos analíticos para la comprensión estructural del conflicto. Así se cumple el objetivo de la exposición, enunciado en su guión conceptual: “comprometer a los públicos con esas historias, gracias a la escucha y su compromiso emocional y racional entre lo que se está viendo, oyendo o experimentando”.

A la entrada del pabellón nos recibe una interpelación: “¿Qué me ha dejado la guerra?” Dos grupos de categorías señalan entradas opuestas: por un lado, odio e indiferencia; por el otro, firmeza y solidaridad. Ambas conducen al mismo lugar, donde inicia el recorrido. Laura Restrepo, del equipo de mediación, explica que el mensaje de entrada es que, más allá de lo que nos ha pasado a cada uno, todos hemos sido afectados por esta guerra.

La exposición incomoda, y está irrumpiendo en una dinámica de indiferencia. Creo que si el Centro Nacional de Memoria Histórica logra incomodar y decirle al otro lo que está pasando, la gente no puede salir igual de aquí”, dice Laura. Cuenta que un visitante pensó que el calor dentro del pabellón de madera era producido intencionalmente, y al preguntarle por qué, respondió: “yo soy desplazado, y cuando uno se tiene que desplazar a otro lugar el dolor es insoportable, entonces pensé que querían hacer que la gente sintiera que esto era insoportable al igual que el desplazamiento“.

Tres ejes articulan la exposición: tierra, agua y cuerpo. A partir de ellos, las preguntas: ¿qué le pasa a la tierra, al agua y a los cuerpos en la guerra? ¿Qué hacen durante la guerra? Y ¿cómo la cuentan? Estos ejes son al tiempo sujetos narrativos y líneas de pensamiento.

El eje tierra nos muestra una guerra compleja, hecha no solo por los ejércitos. En la otra cara, las luchas por la recuperación de los territorios expoliados, igualmente complejas. Esta doble dimensión puede apreciarse muy bien en el caso La Pola y La Palizúa, comunidades campesinas de Magdalena. En la exposición encontramos, además de textos y mapas que reconstruyen el contexto, una historia gráfica que cuenta la historia de la ocupación, desplazamiento y recuperación de sus tierras; y una maraña de hilos que da cuenta de las relaciones entre un amplio abanico de actores sociales e institucionales que participaron del despojo y la restitución.

“Maraña” en casos La Pola y La Palizúa. Foto de Carolina Londoño.

“Maraña” en casos La Pola y La Palizúa. Foto de Carolina Londoño.

En el eje agua nos adentramos por las venas de ese cuerpo en disputa que es la tierra. El agua es elemento clave de interconexión entre los territorios y los seres vivos que los habitan. En esta exposición, el agua nos cuenta cómo la guerra determina las relaciones de los seres humanos con su entorno, y las afectaciones ambientales y culturales que se desprenden de dicha relación. En la Galería de la resistencia, correspondiente al caso Buenaventura, nos rodean los relatos de vida y de sangre plasmados en paneles llenos de color y las voces de los jóvenes que, rapeando, denuncian el racismo y la exclusión, y reclaman sus derechos.

Galería de la resistencia. Foto de Carolina Londoño

El tercer eje -cuerpo- nos muestra cómo la estigmatización, la intolerancia, la eliminación de las diferencias y del disenso político han caracterizado al conflicto armado interno; y apunta al reconocimiento de la diferencia como posibilidad de fortalecer nuestra democracia. La experiencia más performativa de Voces para transformar a Colombia se da dentro de este eje, en la sala dedicada a la Organización Femenina Popular de Barrancabermeja, donde los visitantes pueden vestir las batas negras que las lideresas han usado para protestar contra la violencia, y entonar el himno de la organización alrededor de la olla El Indio, símbolo de solidaridad e instrumento sonoro que acompaña el grito contra el hambre y la pobreza.

Eje cuerpo, Organización Femenina Popular. Foto de Carolina Londoño.

De camino a la inauguración de Voces, Socorro Mosquera sentía un sobresalto. Al llegar, enfrentó la pregunta por lo que la guerra le ha dejado: “yo siempre he dicho que no ha sido tanto el daño, sino la resistencia que yo he hecho para que esta guerra no nos siga haciendo tanto daño ni nos afecte”. Ella es la representante legal de la Asociación de Mujeres de las Independencias (AMI), protagonista en el caso de la Comuna 13 de Medellín, dentro del eje tierra. Su retrato, junto a los de cuatro de sus compañeras, encabeza historias de vida marcadas por décadas de lucha por su comunidad, en circunstancias tan adversas como la operación Orión.

Le cuento que esta exposición es de película y es para recordarlo el resto de mis días. Va para mi libro [diario]: escribir que acá en Medellín en tal sector hubo una exposición así y asá, y qué mensaje me traje y qué es lo que voy a aportar yo”. En la inauguración Socorro se encontró con Lina Palacio, líder social cuya historia hace parte de la sección “Varias voces, una conversación”, del eje cuerpo. Luego de ser victimizada de varias maneras en Urabá y Medellín, Lina se sobrepuso a través de la escritura y hoy acompaña otras mujeres en este mismo proceso con su proyecto Ave Fénix, que ya cuenta con dos libros publicados. Socorro quiere llevar a Ave Fénix a hacer sus talleres en la Comuna 13.

Esta vinculación entre colectivos es uno de los aportes más importantes de la exposición. Así lo describe Pedro Betancur, coordinador pedagógico de la Dirección Museo del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH):

Si bien la exposición va a ser efímera, nos va a permitir analizar cómo se van a fortalecer esos procesos y esos lazos. En esa medida, más que instrumentalizar para hacer una espectacularización de la memoria, aquí se están generando espacios de conversación, intercambio de experiencias y construcción de formas de hacer. Más que medir cuánta gente llegó, cuántos talleres hicimos, a mí me parece que el impacto más fuerte que se puede medir de esta experiencia es cómo se fortalecieron las redes, qué puentes se tejieron, qué intercambios de conocimiento se generaron, qué nueva información se puso a circular a partir de esas conversaciones”.

Otra ganancia es la visibilización, que le permite a las víctimas (organizadas o no) darse a conocer y blindarse de quienes las están atacando. Es una oportunidad de poner su voz, pero también de dignificar su nombre tras años de persecución en que se han dicho cosas muy desobligantes que las han puesto en riesgo. “Uno quiere como calar en los corazones de las personas, para que esas historias no se vuelvan a repetir y que se unan más voces a esta lucha que uno hace silenciosa”, dice Mery Naranjo, lideresa de AMI, reconocida también en el caso de la Comuna 13.

Además de las personas y colectivos para los que esta exposición constituye un mecanismo de reparación, el CNMH hizo un esfuerzo por trabajar con organizaciones sociales de Medellín. Convivamos, Ciudad Comuna y Mi Comuna apoyaron la convocatoria y el proceso de formación del equipo de mediación, y proyectaron la exposición hacia sus territorios a través de talleres en colegios y encuentros en los que tanto el Centro de Memoria como las organizaciones fortalecieron su componente comunicativo.

Como complemento de la muestra se realizan cada día talleres, conversatorios e intervenciones artísticas que refuerzan el objetivo de que los asistentes pasen de la conmoción a la comprensión del conflicto, y de ahí a la acción transformadora. Uno de los eventos más interesantes es el encuentro Líderes sociales asesinados y reivindicaciones desde el arte urbano, que reunirá artistas de distintas expresiones urbanas y organizaciones de víctimas, sociales y de derechos humanos de varios lugares del país. El encuentro busca ir más allá de la visibilización de la cifra, para profundizar en quiénes eran estos líderes, qué es lo que se afecta y se pierde con su asesinato, y cómo movilizarse para proteger a los líderes vivos.

La programación completa de la exposición puede consultarse aquí: http://museodememoria.gov.co/voces-para-transformar/