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Música

Nostálgico e intenso, así suena lo nuevo de La Banda del Bisonte

9 / 03 / 2020

El escondite de los que nada tienen es el nuevo EP de La Banda del Bisonte, una agrupación de rock paisa.

La semana pasada no fue la más alentadora: paranoia mundial por el nuevo virus, escándalos políticos, desastres naturales y demás convulsiones hicieron creer que, como en Rodrigo D., no habría futuro.

Aun así, la música no paró de sonar. En medio de tanto caos cinco muchachos de Medellín se atrevieron a lanzar su nueva producción discográfica: se trata de La Banda del Bisonte y el título de su EP es bastante sugerente: El escondite de los que nada tienen; cinco canciones que al escucharlas sin pausa transportan a un lugar donde no se quiere ser visto ni encontrado. No es un espacio físico, sino más bien un “no lugar”, el último rincón donde pueden encontrarse la belleza y la dignidad, tan esquivas en ese teatro de lo grotesco que es la realidad.

Por lo menos así lo da a entender la agrupación, conformada por los hermanos Daniel y Jerónimo Betancur, Miguel Ángel Spitaletta, Simón Ramírez y Otto Díaz, y para quienes El escondite de los que nada tienen “es el lugar del arte en el que brota el amable espectro de la creación musical como respuesta a las amenazas contra la vida y su valía”. La determinación en sus palabras me recuerda a tantos hombres y tantas mujeres que no se dejaron llevar por los espejismos de este mundo para hacer de su vida una canción, así fuera alto el precio que tuvieron que pagar.

El hombre es capaz de destruir, pero también de crear. Y qué mejor acto de resistencia. Con El escondite de los que nada tienen puede salir a flote nuestro impulso creador, así como nuestras soledades, nostalgias, alegrías, dolores y placeres; todo eso que nos constituye y que al menos nos da una razón de ser, pese a que afuera nos quieran quitar hasta lo más íntimo. Es en últimas, y como agrega La Banda del Bisonte, “un lugar donde la tranquilidad y la libertad son una conquista”, de ahí que las letras de las canciones hablen de la fatiga que provoca cargar con los pesares de la vida, pero también de ese irrefrenable deseo de rehacerlo todo.

Por eso, no es extraño escuchar una dura mención a las consecuencias del lastre que es el alcoholismo (“Animal sedentario”) y luego un llamado al renacer (“Orquídea”) para pasar a la ensoñación del pasado y afrontar con decisión el presente, pese al inquisidor “qué dirán” (“Flashback”). Cada canción me resulta fascinante, aunque si el caso es escoger, me quedo sin pensar con “Animal sedentario” por la inmediata reminiscencia a ciertos excesos vividos tiempo atrás, y que con el tiempo me fueron cansando (y aburriendo); “Estaciones” por su ritmo brillante y letra honesta que, sin caer en las obviedades, plasma los claroscuros de una Colombia que cada día nos sobrepasa; y “Cómo se preparan los sueños”, un pasaje instrumental que, aunque a primera vista parece fuera de lugar, cierra bien este viaje de emociones y hace gala de la versatilidad de la banda.

¿Cómo definiría este EP? Un paisaje cambiante, y todo porque de la desazón se pasa a la esperanza, y eso, más que un paño de agua tibia, es un paso adelante que desafía a quienes caminan como el cangrejo, hacia atrás.

Bien es cierto que hay días en que somos “tan lúgubres, tan lúgubres”, como diría el marihuano de Santa Rosa de Osos: de un momento a otro queremos agarrar lejos, escondernos. Pero el esconderse, más que una evasión, es un acto de resistencia. Y cuando no tenemos nada a nuestro alcance, nada que perder, no queda más que soñar, crear, vivir.

Pido disculpas si me pasé de lírico con lo que acabé de decir, pero esa es la reflexión que me hice después de escuchar El escondite…, porque más allá de las letras elaboradas hay un sutil llamado a la resistencia, a no dejarse abrumar por las circunstancias y mirar más allá del blanco y del negro. Y eso, en este país que comienza a despertarse (así a ratos se quede bostezando) es sumamente poderoso, más cuando quienes lo han perdido todo buscan hacer resonar su voz, volver a escribir su nombre aun cuando había sido borrado.

Musicalmente es un álbum que mantiene el sonido indie de La Banda del Bisonte, aunque se siente mucho más fresco. Quizás en ello tuvo que ver la producción del británico Danton Supple (quien ha trabajado para nada más y nada menos que The Cure, Morrisey, Coldplay y U2), aunque también (y muy seguramente) el ímpetu de una banda que, con apenas cinco años de trayectoria, está dispuesta a ir más allá de los rótulos.

Si las letras de las canciones son contrastantes, lo mismo puede decirse de sus respectivos ritmos, que van del frenesí a la nostalgia. Ahora bien, en su conjunto las canciones son bastante melódicas y podrían sonar sin ningún problema en la radio (claro, siempre y cuando haya emisoras dispuestas a sonar este EP), pero la fuerza del bisonte sale a relucir con un rasgueo de guitarra o un golpe de batería (dos de los instrumentos que más se destacan y que aportan carácter en medio de tanta tranquilidad). Las voces brillan por su intensidad y en vez de caer en la melancolía optan por la vitalidad, siendo completamente coherentes con el mensaje del EP.

Todo esto es reflejo de una nueva etapa en La Banda del Bisonte, una banda que en este caótico 2020 (y eso que apenas estamos en marzo) no renuncia a sacar la belleza de su escondite y que, para bien del rock “Made in Medellín” le ha dado un nuevo aire. Ojalá muchos se den la oportunidad de escuchar con atención y sin prisa alguna El escondite de los que nada tienen. Son 19 minutos y 22 segundos intensos y nostálgicos, un volver atrás para terminar en “un lento despertar”.