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Toma 1: Luis Ospina con ruido ambiente

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18 / 10 / 2019

El 27 de septiembre de 2019 murió el director de cine caleño, autor de documentales como Todo comenzó por el fin, La desazón suprema y Un tigre de papel. En noviembre de 2010 visitó Medellín y fue entrevistado en el marco de una cátedra de cine. Aquí presentamos la entrevista y su detrás de cámaras como homenaje.

La mesa estaba servida en el tradicional Palazzetto D’Italia, en la esquina de Caracas con El Palo. Estábamos allí a punto de almorzar y luego de grabar la entrevista que, minutos atrás, el periodista Óscar Iván Montoya y yo le hicimos al director de cine Luis Ospina. La conversación ocurrió en la sala de espera de dicho restaurante italiano, la cual está dotada de un mobiliario ochentero muy bien cuidado. A punto de dar el primer bocado de la lasaña que pedí, comencé a sudar de preocupación por el intenso ruido del tráfico que se colaba desde la calle. Era sábado, día en el que usualmente el Centro de Medellín recibe más trajín y, por la emoción de conocer a uno de los personajes del arte colombiano que más admiro, olvidé toda precaución técnica para evitar ese fatal ruido ambiente en la grabación.

Ese primer bocado me supo a tristeza. De nada valía el eslogan del restaurante: “Lo mejor en pastas”. No mencioné mi preocupación en la mesa. Seguía sudando pese al aire acondicionado y sabía que podría amargarles el día a Óscar, conocedor como pocos de la obra de Luis, y al profesor Orlando Flórez, quien requería del documento sonoro como un hecho cumplido de su labor de coordinación de la Cátedra de Cine Ciudad Abierta.

Luis Ospina era el invitado de honor a la mesa y a la cátedra, que para ese año hablaba de procesos técnicos y narrativos en el cine. También por eso me quedé en silencio; era un despropósito admitir, ante semejante personaje, que la conversación había quedado inservible por un error ingenuo. Además, sabía que no tendríamos tiempo de repetirla. “Lo que fue, fue”, me dije para estar más tranquilo.

Le di un segundo bocado a la lasaña y me supo a menos que nada. De pronto, Luis Ospina evocó al crítico de cine Luis Alberto Álvarez, quien vivió a pocas cuadras del restaurante. “¡Ve!, demás que Luis Alberto venía aquí de seguido. Estas pastas están muy buenas”, dijo Luis con su acento caleño.

Esa afirmación mejoró mi ánimo y me distrajo de la preocupación. Además, no eran palabras meramente circunstanciales. Quien conoce la obra de Ospina sabe que en el documental Mucho gusto, de 1993, aparece Luis Alberto Álvarez hablando de la belleza de un buen plato de spaghetti.

Entonces pensé en los privilegios que a veces brinda el periodismo. No todo el mundo puede decir que estuvo a manteles con uno de los directores de cine más importantes de Colombia. Y allí estaba yo, compartiendo mesa con Luis Ospina, a pocos metros de uno de los templos del cine de la ciudad (el Centro Colombo Americano) y escuchando sus palabras sobre el crítico de cine más respetado y ameno del país. Sin embargo, para el lector de este texto es lo que menos importa. Importa el documento sonoro que hoy puedo rescatar.

Hoy, a nueve años de la entrevista mencionada, escribiendo este recuento un día después de la muerte de Luis Ospina, no me queda más que admitir la torpeza monumental. ¿Por qué? Registré la conversación con una grabadora de “combate”, la Sony ICD-UX 512, que pasó a la historia como uno de los peores modelos de la marca por su hipersensibilidad al ruido ambiente. De todos modos, con ese ruido circunstancial, y como un homenaje a Luis Ospina, vale la pena compartir esa conversación.

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