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Cocina Como Acción Social

Volver a mirar la casa, es volver a vivir con el otro

10 / 07 / 2020

En estos días extraños en que el mundo está en vilo, la casa y la cocina pueden convertirse en esos lugares de encuentro para, desde el compartir sabores, saberes y experiencias, transformar la sociedad.

Imaginar la comida se convirtió en el ejercicio de salir a comer. Las lógicas del mercado y el afán cotidiano hicieron del restaurante un espacio preciso para el encuentro, ahorrar tiempo, ir a conocer productos y sabores contundentes recomendados en los medios o, simplemente, para cambiar el paisaje en un fin de semana. Comer en la calle modificó en gran medida la forma de acercarse a una de esas necesidades que el fuego transformó en gusto, pasando de la alimentación hogareña, intima, a la comida como encuentro social, casual.

Como si dejaran de ser propios, los platos saboreados por años comenzaron a ser esquivos. Las sopas diversas, esmerados mondongos, demorados frijoles y sancochos sazonados al calor del recuerdo, por medio de heredadas recetas, se constituyeron en almuerzos dominicales, en los que las técnicas y saberes de madres, tías y abuelas fueron relegados a un encuentro ocasional con la identidad, con la casa.

Allí, en la morada, donde confluyen las tristezas y alegrías, se configuran los sabores y los saberes, aunque en estos días se ha convertido en un espacio para el descanso y los encuentros transitorios con el otro, y mientras pasa la noche y el día vuelve con su quehacer: trabajo, colegio, universidad o la cita médica. Toda esa actividad febril llevó a que el hogar fuera habitado, de modo extrañamente simple, casi mecánico, donde la permanencia no pasaba por el sentido. Viéndolo así, se había cambiado el papel primordial que tenía en el ámbito social y cultural la casa, comenzando a constituirse en un lugar de partida, más que de llegada: Ítaca se hizo isla ajena y pasajera.

En la distancia fueron dejados la herencia, el paisaje y el territorio rural que padres y madres han dibujado en la imaginación y que en paseos familiares se comprobaron en una realidad aprendida en el palpar, que acompaña y constituye dimensiones gustativas, al tiempo que habla del imaginario compartido en lo privado y lo público.

En un presente extraño, donde la casa vuelve a ser horizonte, esos imaginarios y memorias comienzan a expresarse en la cocina. La cocina de la urbe, que en íntima historia recrea solares, huertas caseras y crianza de animales, se mezcla con unas aceleradas dinámicas de producción industrial que direccionaron la vida y el pensamiento a unos espacios de ciudad algo artificiales que habitúan la relación con la alimentación a prácticas de la inmediatez tanto en producción, como en consumo.

Cocinar, partiendo de estos nuevos hábitos, implica “re-conocimiento”, uno que a todas luces en medio del cambio inminente de las relaciones sociales, vuelve a encontrar en la culinaria el primer elemento de cohesión social. La relación con la alteridad implica, en este momento, reconocer en los sabores la presencia de los otros, retomar los recetarios familiares, acudir a libros o llamar para pedir el secreto de una salsa: volver a unir en la mesa lo imaginado, lo recordado y lo vivido, dando oportunidad de reconstituirse, de volver a pensar el valor fundamental que tiene la casa en dimensiones existenciales, sociales y afectivas. Con seguridad en este momento hay ingredientes olvidados, esperando por quién ha vuelto. La posibilidad de sumergirse en la creatividad asociada a cocinar, de entender un oficio, un acto primordial que implica la vida misma y las trasformaciones del ser humano.

Ahora que el encuentro se ha medido, que el afuera se ha constituido en adentro, las búsquedas están centradas en la memoria. Por ello, Casa, Cocina y Sociedad, temática escogida para el cuarto Foro de Cocina Como Acción Social, se precisa como espacio que ampliará la mesa y permitirá a los comensales volver a ver el valor que tiene la “cocina casera” en la construcción de lazos sociales que conectan pasado y presente, que reivindican la cocina de la abuela y propenden por nuevas formas de acercarse a los universos culinarios desde los que parte la cocina colombiana. Volver a mirar la casa, es volver a vivir con el otro.

*Sebastián Pérez Morales: Asesor Académico Foro Cocina Como Acción Social. Docente en la Institución Universitaria Colegio Mayor de Antioquia y la Universidad de Antioquia.